31 de diciembre de 2010

FELIZ 2011 :)

No tengo mucho tiempo, pero aqui he llegado al prohibido ordenador para desearos un muy buen fin de año.


Que el dos mil once sea mejor que el dos mil diez, y peor que el dos mil doce.
Que todos vuestros sueños para este año se hagan realidad, y que ahora, en la segunda década del siglo 21, os vaya mucho mucho mejor que en todos estos diez primeros años.

Gracias por haberme acompañado hasta aquí. Os quiero mucho,

Natii.

2 de diciembre de 2010

LAST SACRIFICE!

Dioos mio, si esque sé que me preferís a mi ( ;P ) pero aunque suene demasiado maravilloso para que sea verdad... hoy, a 02 de diciembre, faltan nada mas y nada menos que CINCO DIAS para que salga a la venta LAST SACRIFICE, Vampire Academy libro #6.


Y hay más... con la grata sorpresa que nuestra amiga Caty del blog Cosas de Caty y la ayuda de las chicas del foro PURPLE ROSE, tenemos los cuatro primeros capitulos de este hermoso y tan deseado desenlace entre la vida llena de Rose y sus amigos como Lissa, el aclamado Dimitri, MI, y solo MI Adrian... etc etc.

Os dejo también la sipnosis!

A Rose Hathaway no le gusta sentirse encerrada, pero eso es lo que te hace la carcel. Lo que realmente le molesta es lo que ella no hizo - ella no asesinó a la reina Tatiana. Pero dile eso a la multitud de morois y dhampirs - mitad vampiros como ella - reunidos para el funeral... y que claman por su sangre.

Last Sacrifice es la última novela de la epica serie de vampiros de Richelle Mead... y ella guardó lo mejor para el final.

Asesinato... Amor... Celos, todo reunido en este ultimo capítulo en el que Lissa, la mejor amiga de Rose se enfrenta a enemigos que no quieren verla ascender al trono real.

Cuando Rose es rescatada de la carcel por su único y verdadero amor, Dimitri, el tiempo es esencial. Ella debe probar su inocencia y salvar a su amiga, aunque eso signifique hacer el ultimo sacrificio.

Leer más: http://cosasdecaty.blogspot.com/#ixzz16y04tOas
Under Creative Commons License: Attribution

Bueno querid@s, aquí os dejo! Espero que con tanto entusiasmo no os olvidéis de mi!!

¿Con quién creeréis que se quedará Rose? ¿Sola? ¿Volverá con su amado Dimitr, o decidirá seguir adelante y darle una oportunidad al ardiente Adrian?

No se vayan sin comentaaaaaar! Un beso a toodas :)


-Recuerdo: toda esta información ha sido sacada del blog cosasdecaty.com , Gracias Caty! :)

22 de noviembre de 2010

BACK IN HOME!

De vuelta en España y con material para pasar del papel al ordenador, os saluda vuestra amiga Natalia!!! Bieeen! :D

Sé que mi club de fans pasó de estar medio vacío a -casi-completamente vacío. Pero tengo el libro TERMINADO, solo que en muchiiiiisimas (no tantas) hojas... solo las tengo que subir, enserio.

Como abriendo los ojos I está terminado, tengo otro programa en la cabeza, que a mí me encanta; sólo espero que os guste a toooodos vosotros también.

Sé que soy la persona más lenta en este planeta, pero no me odien, si?

Osquiere,
Natalia.

Pd. Empezaré a subir desde el viernes-sábado-domingo de la semana que viene. Estas dos semanas son la de los exámenesss :O

17 de octubre de 2010

CAPITULO 44

Bua, que ni yo me creo que tenga dos capitulos tan seguidos hahaha



Como si se tratase de algo preelegido, Iara e Insua se situaron a mi derecha e izquierda. Vacilé cuando miré a ellos, pero Iara levantó una mano para callarme con una manicura perfecta.

-Ni se te ocurra mona, nosotras vamos contigo -pero al final de la frase, tras unos segundos de intensa mirada roja cual fuego, me sonrió.

Y así como no quiere la cosa, le pregunté a mis padres:

-¿De casualidad no sabréis la procedencia de aquel primer recitador de profecías, no?
Mis padres miraron a una pareja que estaba a mi izquierda, al lado de Insua.

-Sabemos que las montañas de dónde venía son las montañas al sur, las puedes ver desde las ventanas -nos informó- pero ya las hemos limpiado de arriba abajo, y no hay señal de magia.

Miré a Insua, y luego de vuelta al rey de color.

-En las montañas, habrá muchas cascadas, supongo -dije no queriendo sonar nerviosa.

-De hecho, hay una gran cascada, la llamada La Gran Wasserfall des Südens, o La Gran Cascada Sureña.

-Detrás del agua nada es lo que parece -recité de memoria aquellas palabras. Sonriendo triunfal, alcé la cabeza y miré a mis amigos- Ya sé dónde están.

En cuestión de minutos nos estábamos preparando para teletransportarnos hacia la cascada dónde (espero) se escondía el Señor Oscuro.

De nuevo, los quince participantes -o progreso de- los Cinco, más mis dos amigos fuimos a una sala más privada donde terminaron de concretar los detalles. Después, uno a uno, los reyes me fueron dando la mano y también dándome ánimos. Los príncipes, al contrario de sus padres, no se veían animados, ni mostraban respeto, sino todo lo contrario, más de uno me lanzó una mirada venenosa y la chica ya ni cuento. Al terminar, mis padres me dieron un abrazo y por fin, me fui a cambiar lista para la batalla. Cuando regresé traía unos cómodos jeans, camiseta corta, sudadera y all star. Si no fuese por mis ojos violetas y por lo que iba a hacer en cuestión de segundos, parecía una chica normal.

Mi hermano pequeño se adelantó unos pasos junto a mi madre y padre, y tras darme un abrazo, se sacó una especie de medalla de oro, cuya cinta que rodeaba el cuello era morada. En medio dela brillante moneda de oro había una especie de corona gigante en relieve, y por arriba un pequeño mundo, y en pequeño una frase: Rey de reyes.

-Este es el talismán Real que los herederos deben tener desde que nacen, cosa que tu tuviste, hasta el accidente de avión -bajé la mirada- pero es tuyo, tu eres la heredera, por lo que te pertenece -dijo colocándome el gran medallón que enseguida se convirtió en un pequeño collar para terminar desapareciendo bajo mis sorprendidos ojos- te protegerá -dijo mi padre, y luego me abrazó fuerte. Mi hermano me abrazó tras un "suerte. Luego mi madre me hizo girar y sentí un peso sobre mí. Cuando agarré lo que tenia detrás, me sorprendí encontrando una capa roja, y la reconocí: mi madre... mi otra madre siempre me la hacía llevar en raras ocasiones pero siempre me decía lo importante que era.

-Esta capa ahora es tuya, siempre lo ha sido, y así será hasta que la próxima princesa nazca. Esta capa significa poder, y te da una protección extra. Y ahora -dijo tras un último abrazo- vete, pero vuelve, y trae contigo al Señor Oscuro.

Asentí y extendí mis manos. Insua e Iara la agarraron y cerraron los ojos. Yo, antes de cerrar los míos y comenzar el conjuro, crucé una mirada con el hijo de los reyes de América, que con una mirada curiosa me miraba.

***

Para cuando volví a abrir los ojos la oía y la podía sentir. A mi derecha estaba La Gran Cascada Sureña.

-Bueno, allá vamos, ¿no? -dijo Iara comenzando a caminar hacia ella. Silenciosamente, le di las gracias, ya que yo estaba paralizada del terror y no me quería mover.

-Pero bueno, ¿dónde metiste el valor que mostrabas en el palacio? ¡Puro teatro, puro teatro!- dijo mi amiga en la entrada de la cascada.

Para cuando Insua y yo llegamos, Iara ya había descubierto algo.

-Ésta es la puerta para entrar a la guarida secreta del Señor O, pero -empezó Iara.

-Bueno descubrimiento, Einstein -dijo Insua poniendo los ojos en blanco.

-Pero no se puede entrar así como así -dijo Iara ignorando a Insua- si te fijas en las esquinas -dijo señalando las de arriba- tienen una especie de brillo plateado, lo que significa que una onda magnética cubre invisiblemente la cascada -Iara dejó caer sus brazos y nos sonrió satisfecha. Su cara se volvió de película cuando se dio cuenta de nuestras muecas de incomprensión.

-Si la cruzas como cruzarías una cascada normal, estás frito, muerto, caput -dijo.

-Vale, vale, lo pillamos -dije- pero entonces, ¿cómo cruzamos?

Esta vez fue Insua quien contestó.

-Si es que estos colegios mortales no enseñan nada útil -suspiró- Para entrar crearemos otra onda magnética, solo que más fuerte y del mismo tipo, ya sabes: dos polos iguales se repelan mientras dos diferentes se atraen -recitó.

Y nos pusimos a ello.

Tardamos fácilmente una media hora, ya que cuando vinimos el sol aún se veía, y para cuando sentimos como la montaña entera, hasta la sierra a la cual montaña estaba unida vibraba, el sol se había ido por completo.

Entonces Insua creo un campo por el medio de la cascada para que entrásemos sin mojarnos. Éste fue primero, mientras que nosotras nos quedamos un poco atrás, la razón: Iara vacilaba.

-No tienes porqué ir si tienes miedo, Iri -susurré.

-No tengo miedo idiota, es solo que... hay tanta agua...

Asentí comprendiendo, su elemento era el fuego, y a pesar de que en el internado también aprende a moverse con el agua, una cueva completamente mojada, una puerta de agua y con rio de por medio no es comparable a una clase a la semana de Aqua ae, lo que viene a ser Agua, agua en latín.

-No me separaré de ti -dije extendiendo mi mano. Y así nos encaminamos hacia la gran entrada donde Insua nos esperaba, y donde Leo, Jotapé, el Señor Oscuro y quizá algo más nos esperaba.

Cruzamos a la cueva y lo primero que sentí, fue la humedad en el ambiente y un vientecillo frío. De la mano y sin mirar atrás nos adentramos en la cueva, donde cada vez se hacía más y más oscuro, hasta que llegó el momento de que Iara creo una antorcha. Y tras un gran pasillo la cueva se abrió. El lugar debería de tener unos treinta metro de altura -estábamos dentro de la montaña- había escaleras y pasillos colgantes, donde personas y monstruos trabajaban juntos Dios sabe en qué.

Y entonces una de esas cosas nos ve y se pone a grita alarmando a todos. Insua, con una bola plateada se deshace de él, pero demasiado tarde: nos habían visto.

Los pelos de mi nuca se me erizan advirtiéndome de La Oscuridad. Levanté mis brazos y éstos actuaron sin pensarlo. Un escudo se abrió sobre nosotros, protegiéndonos de todo. Pero nada pasó.

Unos sonidos comenzaron a sonar, junto a una risa en el ambiente. Sabía lo que era... quién era.

11 de octubre de 2010

CAPITULO 43

He aqui el capitulo 43 :)


No sabía como ni por qué, pero cuando llegamos a Palacio, todo era un caos.

Nos teletransportamos a la entrada, y cuando abrimos la puerta casi nos come un mar de gente. Los invitados mágicamente se habían cambiado a ropas normales, sus vestidos elegantísimos, peinados lujosos, coronas brillantes, todo habia desaparecido por un grupo de personas normales. Bueno, normales hasta el punto de que todas se movían frenéticamente por el Palacio: madres agarraban a sus hijos, guarda espaldas custodiaban a los soberanos... pero algo tenían en común: todos corrían hacia algun lugar a mi derecha.

Giré mi cara hacia mis amigos, y asentimos: nos encaminamos con los demás.

Llegamos a donde es la gran sala de auditorio o de coronación (aquel lugar donde algún día yo seré coronada, pensé) Un escalofrío me recorrió de arriba a abajo. Los invitados nos dejaban pasar sin ninguna queja, quizá porque seguíamos con nuestras ropas algo chamuscadas o porque sabían quién era yo, pero el caso es que pudimos llegar a unas de las escaleras laterales y rápidamente las subimos. Al final de estas había una puerta y cuando la abrimos, dos lanzas se cerraron a pocos milimetros de mi cara.

-¡Hey! ¿Pero qué es esto? -inquirí. Los guardias, en cuestion de milisegundos volvieron a subir las lanzas y se inclinaron ante mí murmurando disculpas.

-¿Dónde están los reyes?-pregunté- ¿Dónde están mis padres?

-Ahí, su majestad -dijo uno de ellos señalando una puerta a mi izquierda.

-Gracias -dije antes de salir corriendo hacia allí.

Otra puerta me separaba de mis padres, y cuando la crucé, en la habitación se hizo el silencio. Conté quince personas sin incluir a la guardia, pero todos los de aquella habitación tenían lo ojos pegados en mí. Un instinto me hizo pensar que allí presentes estaban las familia de los Cinco, padres, madres e hijos.

-¡Tisiana, hija! -gritó mi madre corriendo hacia a mí. Su abrazo me sacó la respiración pero a pesar de eso no la abracé hasta momentos más tardes. Bajé la mirada al suelo cuando nos separamos.

-¡Santo Cielo! ¿De dónde venís? -dijo mirando nuestra cara ropa chamuscada.

-Pues... -intenté comenzar.

-¿Quién te has creído que eres? -soltó mi padre de repente, que sin yo notarlo se había hubicado al lado de mi madre. Todos los presentes miraban a mis padres o a otro lado, incómodos. - ¡Esta fiesta es en honor tuya y a ti no se te ocurre otra cosa que desaparecer! Y mira cómo vienes, toda chamuscada, a saber de dónde vienes. ¿No sabes lo que está pasando ahí fuera? ¡Podrías estar muerta!

Alcé la mirada, curiosa por el comentario, pero enfadada por la bronca que me está echando delante de todos estos desconocidos.

-¡El Señor Oscuro ha vuelto con ganas de venganza! Pero eso ya lo sabes, ¿verdad? Viene a por tí, Tisiana, y puede matar a quien sea para lograrlo -dijo- Hasta ha llamado la atención de los mundanos -dijo.

-¿Perdón? -dije.

-Si hubieses estado aquí lo sabrías -dijo mi padre, todavía cabreado. Mi madre, más calmada, le puso una mano en el hombro para calmarle. Mi padre respiró hondo y con voz más calmada siguió- Lo siento, es solo que... -dijo azorado- Bueno, me asusté.

-Está bien... papá -dije medio sonriendo. Enseguida él sonrió.

-Nos han anunciado de un incendio -posiguió- A las afueras de alguna parte de España, lo que nos importa de este incendio es la cantidad de Magia Oscura que hay en el ambiente -dijo mi padre mirando a mi madre. Sin que se diesen cuenta, crucé mi mirada con Iara- y también hay una gran cantidad de Magia Blanca.

-Papá -dije Hay algo que deberías saber -comencé mirando a mis amigos. Para cuando mi mirada se juntó con la de mi padre, esta ya había vagado por el resto de los presentes. Empecé a recitar nuestra historia, y para cuando terminé estábamos sentados en una especie de mesa redonda con un mapamundi en medio.

Entonces todos empezaron a hablar a la vez, nerviosos, furiosos, sedientos de venganza. Mi mirada se cruzó con la de Iara e Insua, y después a los demás herederos de los distintos sitios del mundo. Éramos dos chicas y cuatro chicos, entre ellos mi hermano, que estaba a mi lado, quizá a parte de mis amigos y yo, el único callado de los presentes en la sala. Sus ojos violetas escrutaban la escena, y al final acabaron en fijándose en los míos. Sus cejas se alzaron como queriéndome decir que era mi hora de actuar. Asentí y carraspeé, una, dos hasta que a la tercera vez me oyeron.

-Escuchad -dije- Hablando todos a la vez y entrando en pánico no se hace nada. Hemos descubierto unas cuantas cosas basándonos en las profecías -miré a mis dos amigos- pero lo más importante es la guerra que se nos viene encima. Tenemos que prepararnos, poned a salvo a los niños y aquellos que no quieran pelear, y a los demás... desénle suerte.

-Me parece correcto -dijo un hombre a la derecha -Tisiana tiene razón, deberíamos anunciar que la espera ha terminado, y que es hora de reaccionar.

-Los niños irán a casa y serán nuestra figura -dijo la mujer a su lado, la reina Marie de América. Su mano estaba sobre los hombros de aquel chico que me habían presentado cuyo nombre ya no recuerdo.

-No -dijo otro rey al fondo- Es demasiado arriesgado, serían un punto fácil. Los pondremos con los demás invitados y ahí sí que servirán de figura, a parte de que estarán a salvo.

Todos los reyes que a su vez eran padres asintieron. Pero el chico bajo el brazo de Marie protestó.

-¡No nos podéis dejar fuera de esto! Puede que el mayor de aqui no tenga más de veintidós años, pero seguimos siendo fuertes, estamos entrenados y sabemos pelear! Somos herederos, si nos escondéis estaréis mostrando miedo, lo cual da puntos al Señor Oscuro -terminó mirando a mi padre.

Éste miró a cada uno de los reyes, y tras unos momentos, me miró a mí.

-Os quedáis en el castillo, es mi última palabra -dijo mi padre, enseguida los adolescentes, incluida yo comenzamos a protestar- Seréis nuestra figura, por eso os esconderéis con los demás y os aseguraréis de que todo este tranquilo. Y ahora, lo anunciaremos.

Y dicho esto se levantó de la silla, seguido de los demás.

-Esto no funciona así, y lo sabes -le dije a mi padre cuando me acerqué a él- Me quiere a mí, y si sabe que estoy escondida me vendrá a buscar... o peor -tragué saliva- hará daño a Leo y...

-Es un farol, hija, solo quiere que vayas con él -dijo mi padre mirándome pero caminando hasta la segunda puerta.

-¡Por supuesto que me quiere a mí! ¡Soy la única que puede matarle, padre, y no me detendrás cuando llegue el momento de ir a buscar a Leo! -grité enfurecida deteniendo el paso de mi padre, y a la vez el paso de los demás.

Un silencio reinó la sala. Mi padre me miró de arriba abajo, y sin mediar palabra, cruzó la puerta. Desesperada, busqué a mis amigos con la mirada. Iara parecía horriblemente triste, mientras que Insua calculador, pero ambos se acercaron a mi, y conmigo en el medio, cruzamos la puerta. Todos se quedaron en silencio, tanto en el salón que se tendía a mis pies, como detrás mía, donde los demás reyes e hijos estaban.

-Pueblo Mágico, los rumores que por siglos han corrido de boca en boca por nuestras familias, por cada rincón de cada pueblo son verdad: el Señor Oscuro se estaba preparando para volver, y por fin, ha resurgido de entre sus cenizas, quizá más fuerte o quizá más débil... eso no lo sabemos- dijo mi padre. Seguramente quería seguir con su discurso pero con el gentío chillando a su alrededor no podía. Varias veces intentó callarlos sin éxito, hasta que di un paso adelante y con un silbido les acallé.

-¡Escuchadme todos! Son momentos de pánico y temor, son tiempos de asustarse hasta de su propia sombra. Pero eso es lo que quiere el Señor Oscuro, que dudemos hasta de nosotros mismos, que veamos a nuestro alrededor -dije alzando las manos- y no veamos más que a gente conocida, y aún así dudemos de si son súbditos del Señor Oscuro. Pero he aquí mi punto de vista -dije dejando unos segundos, captando la atención desde el más pequeño invitado hasta el más mayor- En estos tiempos son cuando más unidos debemos estar, cuando más tranquilos tenemos que estar, porque con cualquier ataque de pánico, hasta el luchador más fuerte es un punto fácil. Así que mirar a quien tenéis a vuestra derecha, y confiad en él. Confiad en nosotros, tened miedo si queréis ya que es normal, pero solo donde estéis a salvo dejadlo lucir -continué-. En este Palacio habrá lugar para todos aquellos que deseen quedarse, les daremos de comer y les mantendremos a salvo. Para aquellos que quieren volver a sus casas: háganlo ya, y por favor -pedí- cuidad los unos de los otros.

La gente comenzó a murmurar. Giré mi cabeza hacia mi padre, quien orgulloso me devolvía la mirada. Mi madre, que estaba a su lado, abrazaba a mi hermano, quien sonreía. El rey Andrew de América me miraba de manera diferente, quizá con un nuevo respeto. Pero fue su mujer quien movió la mano indicándome que siguiese.

-Para aquellos que quieran luchar, diganlo a cualquier guardia y éstos os dirán qué hacer. Sólo hay la condición que menores de trece años no podrán luchar. Y ahora -alcé las manos- es el momento en enseñarle al Señor Oscuro que aquellos que le derrotaron una vez, siguen en pie.

Todos los presentes estallaron a aplausos, y con gratitud les sonreí. Entonces todos se pusieron de acuerdo para parar y seguir con la tarea asignada.

Me acerqué a los demás. Insua me agarró de la mano con cariño cuando pasé a su lado, y yo le sonreí de vuelta.

-Voy a ir a buscar a Leo, padre -dije convencida.

-Lo sé, pero éste es el plan -dijo para mi sorpresa- : irás a buscar a tus amigos, pero en cuánto tengas oportunidad, volverás, no importa si el Señor Oscuro esté muerto o no, porque pase loque pase, el te seguirá -dijo.

Miré a mis amigos, y luego a los demás de sangre real que estaban ahí, para terminar en los asustados ojos violeta de mi madre.

-Porque nosotros le estaremos esperando -terminó.

CANADA

No tengo mucho tiempo. Pero esa es la explicación básica para que sepáis por qué no he subido nada. Lo siento muchoo pero llegué aqui el 6 de septiembre, y me voy el 29 de octubre. Estoy casi segura de que un capitulo subire antes de irme, pero aunque ya ha pasado un mes, esto es duro sabéis?

Sin familia, sin amigos, sin tu vida.... nueva familia, nuevos amigos, nuevo estilo de vida....

Os quiero, y gracias a aquellos que siguen siguiendome.

31 de agosto de 2010

CAPITULO 42

Sí lo sé, más tarde que temprano, os traigo el próximo capitulo de mi blognovela. 

INCREIBLE VERDAD??? DOS entradas en un día! Como antes! Ni que fuese Navidad! Jajjajaja
 No, que va, pero voy a intentar terminar el libro esta semana porque el SEIS de SEPTIEMBRE me voy a Canadá por dos meses, y no sé si voy a poder escribir mucho :S Bueno.

Este cap me gustó bastante, la verdad. Aún falta pero creo que ya nada :) Y sin más preámbulos... A LEER:


SALÍ del despacho de la directora al que había ido corriendo después de que Miguel me dijese esas palabras. En fin, el hecho es que salí del despacho con las respuestas que buscaba y, por decirlo de otra manera, con los huevos en la garganta del miedo.

Insua y Iara se levantaron de sus sillas en la especie de sala de espera que se encuentra frente a la puerta de la directora y vinieron a mi lado.

-¿Y bien? -se atrevió a susurrar Insua.

Negué con la cabeza, no quería decirlo en voz alta. Insua y Iara intercambiaron una mirada y asintieron.

Tras despedirnos de la directora y un último abrazo a Miguel, fuimos al coche. Insua conducía por la ciudad sin rumbo fijo pasando de un lado a otro sin mediar palabra, como Iara y yo. Estábamos los tres callados cada uno con nuestros pensamientos que seguramente se entrelazaban en algunos puntos.

Jotapé no estaba, en eso no había mentido el Señor Oscuro, por lo que ahora había que planear el plan de verdad, lo más difícil: el rescate. No tenía la más remota idea de dónde podía estar el Señor Oscuro, si nos estaba esperando, si ya era demasiado tarde...

Hasta que Insua me tocó ligeramente el brazo, no me di cuenta de que había detenido el coche y de que yo estaba llorando.

-Tis, sé que es un momento muy duro, y que seguramente crees que no lo conseguiremos -dijo- pero lo conseguiremos.

Mi mirada borrosa se clavó en la suya, que estaba llena de seguridad. Una media sonrisa se asomó a su cara, y tras echar otro vistazo a Iara, quien sonriente me regaló un gracioso pulgar hacia arriba cerré los ojos un segundo. Tranquila me dije Todo va a salir bien. Ya verás, lo conseguirás, como dijo Insua, lo conseguirás, lo conseguirás me repetía.

Respiré hondo y sacudí la cabeza antes de abrir los ojos, entonces les miré fijamente a cada uno y sonreí.

-Pongámonos a ello.


Unos diez minutos después...

-¿Qué quieres? ¡No me entero de nada! -medio gritaba Iara, completamente frustrada.

-Vale, vale, tranquila -le dije- voy a volver a decirlos, ¿ok?

Mis dos amigos asintieron.

-De acuerdo, como os dije antes, son tres profecías con años, incluso siglos de diferencia pero que todas están de acuerdo en algo: el Señor Oscuro volverá y sólo el salvador podrá... bueno, derrotarlo... -suspiré- aunque tenga que morir en el
intento.

-Bueno, según la... ¿primera profecía? -dijo Insua- eso pasa sí o sí.

-¿Qué? ¿Cómo lo sabes? –dijo Iara claramente perdida. Insua iba a contestar, pero levanté una mano.

-Iara, las voy a decir una vez más, ¿vale? Pero será la última. Apréndelas –ordené. Iara esbozó una tímida media sonrisa. Bajé
la vista hacia lo que llevábamos escrito hasta ahí. Las tres profecías, y alguna anotación de ella:

Primera profecía:
Fue vista en las estrellas por un poderoso hechicero aprendiz del nieto del SEÑOR OSCURO. El hechicero se llamaba ANDREW, HIJO DE FEDERIC. Vino de más allá de las montañas, y como él mismo dijo “algo se cuece en las montañas”

“Guerras frías,
Muerte en las calles,
Gritos de terror
¿Es que no hay salvador?
Enfermedades mortales,
Pobreza por todas partes,
¿Es que no hay salvador?
Pero pronto, un hijo de sangre real nacerá
Aquel será nuestro héroe
Aquel luchará contra lo Negro
Trayendo luz, trayendo harmonía
Pero para entonces años, quizá siglos pasarán
Y todos con miedo pensarán:
¿Es que no hay salvador?”

-“Es más, diría que para ganar esta guerra alguien de sangre real, un heredero, morirá” –HECHICERO. Últimas palabras antes de desaparecer.

Segunda profecía:
En la coronación de los actuales reyes europeos.
“Dentro de su barriga majestad, dentro de su barriga está el nuevo salvador. El heredero que nos dará valor”

Tercera profecía:
No se sabe la fecha de cuando fue dicha, pero la reina la recita en el parto de la princesa:
El heredero del trono será el único capaz de ver en las estrellas la respuesta”

-¿Te ha quedado claro, Iara? –Dijo Insua- ¿O te lo repetimos?

-Eh, sin pasarse –dije. Respiré hondo- Venga chicos, podemos hacerlo. Tenemos menos de doce horas antes de que pase el
tercer día, y para cuando tengamos que reunirnos con el Señor Oscuro, quiero tener algo escondido para poder sorprenderle.

-Bueno, tenemos algo muy bueno, sabemos… -empezó Insua.

-Lo sé –le corté- pero necesitamos más.

-Tiene razón –intervino Iara- El Señor Oscuro no es tonto. Seguramente no creyera que averiguaríamos eso, pero debe de tener un as en la manga, por si acaso –me miró- tal y como deberíamos tener nosotros.

Nos quedamos un rato en silencio, Iara lo rompió.

-Bueno, tenemos la claridad de que probablemente lo más seguro sea de que alguien muera –sé que hizo todo lo posible por no hacerlo, pero me miró- y también tenemos claro la segunda profecía: en la barriga de doña Claudia estaba Tisiana, nuestra futura salvadora. Pero –dijo lentamente, como calculando las palabras- yo creo que deberíamos de avisar a alguien, Tis. Creo que eso es lo que las profecías intentan decirnos.

Bajé la mirada. Ya había pensado en eso, pero no quería decirlo: no quiero a nadie salvo a mí en peligro.

-Tisiana, escucha –dijo Iara- sé que debe ser difícil, pero sólo hace falta echarle una hojeada a las profecías y tener claro una cosa: después de años, incluso siglos de miedo llegará un salvador que dará valor al pueblo de revelarse, de no tener miedo y terminar con el Señor Oscuro.

-Pero –dije yo mirándola- ¿revelarse de qué?

-Bueno –esta vez es Insua quien habla- eso no es ningún secreto. En el internado se corría el rumor de que el Señor Oscuro estaba de vuelta, ya sabes, muchas muertes, apariciones cortas pero mortales de monstruos destructores –alcé las cejas, sorprendida- se dice que son sus esclavos, sus súbditos, su pueblo… el hecho es que sirven al Señor Oscuro.

-Eso significa –dije, sintiendo la bombilla encenderse-que si nosotros atacamos al Señor Oscuro… el Señor Oscuro atacará.

-Exacto –dijo Insua- Al fin y al cabo está escrito –Iara levantó la hoja como queriendo confirmar. Suspiré.

-Avisaremos más tarde, cuando tengamos más ideas –asentí.

-Así me gusta –dijo Iara abalanzándose sobre mí para darme un abrazo.

-Volviendo a las profecías –dijo ella cuando se acomodó de nuevo en el coche- la tercera ya se cumplió.

-Bueno, y la segunda -sonreí- Ya nací.

-Sí, pero aún no eres salvadora maja –rió Iara a quien Insua siguió.

La risa estaba por salir de la garganta cuando lo sentí. Los pelos de los brazos y nuca se me erizaron y, en vano, intenté avisar a Insua y a Iara de la cercanía de Oscuridad, porque enseguida caí en un negro profundo.


Sabía dónde estaba. Ya había estado en este negro otras veces, dos, para ser más exactos. ¿Hola? Dije, no, pensé. Nada ni nadie respondió, pero lo seguí intentando porque sabía que él estaba ahí. Lo sentía. "Qué lista eres" dijo la voz. Si tuviese cuerpo, le recorrería un escalofrío. "En eso te pareces a tu madre, aunque no digo que tu padre no sea inteligente. Por supuesto que lo es, sino, no gobernaría sobre todos los seres mágicos, ¿no crees?" ¿Qué quieres? Pensé. "A ti" La voz fue clara, así que yo también. Le propongo un trato, Señor Oscuro. "Esto se pone interesante" rió el hombre. "¿Qué me ofreces?" Yo a cambio de Leo, el chico que tiene bajo su merced, pensé. "Me parece justo, sí señor" dijo él. Una tímida alegría comencé a sentir cuando la aplacó de lleno cinco palabras: " ¿Y qué pasa con Jotapé?" Silencio por ambas partes. La risa del Señor Oscuro retumbó. "Ya veo, difícil decisión: o el chico por el que estás enamorada, aquel que te enseñó quién eras realmente o tu mejor amigo de toda la vida, aquel con quien compartiste todo y estás segura de que aún falta compartir" Está bien, ¿qué quieres a cambio por los dos? El Señor Oscuro rió. "Quiero tantísimas cosas, Tisiana, que te asustarías. Pero por respuesta a tu pregunta, te diré lo que quieras oír cuando te vea" ¿Y eso va a ser…? "Mañana por la noche" ¿Dónde? "Ah no, Tisiana, no. Esto te toca a ti. Piensa pequeña, piensa. Te quedan menos de cuarenta y ocho horas, pero te dejo con una pista: detrás del agua, nada es lo que parece" Y entonces, una sensación de vértigo me inundó y abrí los ojos con un grito.

-¡Tisiana! ¡Tisiana! –una voz chillaba- ¡Oh Dios, Tisiana! Por favor, abre los ojos Tis, ábrelos otra vez.

-¡Iara, no puedo más! ¡Necesito ayuda! –Dijo otra masculina- ¡IARA AYUDA!

Unas manos que me estaban zarandeando me dejaron. Parpadeé desorientada, pero enseguida me senté. Estaba en el asiento copiloto del coche de Insua, y ellos… estaban fuera. Abrí la puerta y me encontré con una escena que asusta.

Insua estaba a unos pasos de la puerta del conductor con los brazos arriba, la cara echada hacia atrás y la boca abierta. Su pelo azul se hondeaba, su piel verdosa relucía y su ropa al igual que el pelo, hondeaba como si viento hubiese. Pero dentro del campo de fuerza que Insua estaba manteniendo no había ni una pizca. Miré a mi izquierda y me encontré con Iara que brillaba como una estrella. Sus manos, rodeadas por bolas de fuego, se movían disparando hacia fuera. Y fue entonces cuando me fijé en las cosas de las que Insua nos protegía y Iara peleaba. Una especie de manada de toros enormes, negros, peludos y ojos rojos estaba intentando entrar y hacernos daño. Aunque Insua se esforzaba por mantener el campo de fuerza, sabía que dentro de poco iba a caer, se le notaba en el sudor y jadeos que tenía. El campo de fuerza permitía a las pocas efectivas bolas de fuego salir pero no dejaba a nada entrar.

Obligué a mis pies moverse junto a Insua. Le observé durante unos milisegundos más, y le imité. Extendí mis brazos lo máximo que pude y, tras pensar en el campo de fuerza que Insua estaba creando, sentí el chorrente de magia salir de mis manos.

Una sensación de poder me abrumó, pero apreté los dientes y seguí con lo que estaba. Magia y más magia salía de mí. Al igual que en el hospital mágico una energía limpia, pura, blanca emanaba de cada poro de mi piel, deslumbrándome, maravillándome, pero a la vez, agotándome.

-¡Pegaos a mí! –Grité lo más fuerte que pude- ¡Pegaos a mí!

Dos pares de manos me agarraron por los hombros y entonces, cerré las manos en puños y sentí como una ola se expandía en círculo alrededor mía conmigo de centro y mataba a aquellos seres y explotaba algo.

Para cuando volví a abrir los ojos, estaba todo en silencio, salvo por nuestros jadeos. Insua y Iara me soltaron y cayeron al suelo, agotados. Les miré queriendo unirme a ellos, pero apreté los dientes y avancé unos pasos. De los seres, solo quedaban cenizas. Un crepitar me hizo alzar la vista, y me di cuenta de que el bosque a nuestro lado ardía. Por suerte, estábamos en las afueras de la ciudad y nadie nos vio antes ni ahora, cuando con agua, apagué el fuego.

Volví sobre mis pasos y vi que Iara e Insua estaban ya de pie mirando el coche. A pesar del cansancio que tenía encima, una risilla floja me salió por la garganta.

-Lo siento Insua –dije. Su coche había quedado irreconocible.

-Nada, de todas maneras, era un cacharro. Así mis padres me tendrán que comprar uno sí o sí, ¿no? –una media sonrisa iluminó su cara.

-Tisiana –me llamó Iara- eso fue… eso fue increíble. Que lo sepas.

Los tres nos abrazamos, recostándonos los unos sobre los otros, pero enseguida nos separamos.

-¿Qué era eso? –pregunté.

-Deben de ser mutantes del Señor Oscuro. ¿Notaste la magia oscura? –preguntó Insua.

Asentí.

-Yo también –dijo él.

-¿Y cómo yo no? –preguntó Iara indignada.

-Porque los de mi raza somos sensibles a eso –explicó Insua.

-Ah –fue la única respuesta de Iara.

Les miré a ambos. Estaban machacados y con los trajes de la fiesta aún encima y algo chamuscado por aquella ola expansiva. Suspiré.

-Es la hora de ir en busca de ayuda, chicos –dije- Es hora de decirles que las profecías están a punto de cumplirse.

Iara e Insua asintieron, y como si me leyesen la mente, me dieron la mano.

-Llegó la hora de que los ciudadanos mágicos no tengan más miedo y peleen. Llegó la hora de luchar –dije.

Iara sonrió.

-Habla usted como una gran reina, majestad –dijo.

-Futura –concreté devolviéndole la sonrisa.

Entonces, nos tele transportamos.




AHORA MISMO ME PONGO CON LA CONTINUACIÓN! :) OSQUIEROOOO!

OH DIOS OH DIOSS!!! ES INCREIBLE QUE PUEDA DECIR QUE EN UN DIA ES SEPTIEMBRE, Y QUE AL DIA SIGUIENTE TENGA EN MIS MANOS EL INCREIBLE FINAL DE LA SERIE "LOS JUEGOS DEL HAMBRE" DE SUZANNE COLLINS.


Pero así es, en España, el 02 de Septiembre sale a la venta Sinsajo. Como espera a mis capitulos, os dejo la sipnosis del libro junto a su portada y un adelanto (primer capitulo) que tradujo Caty en su blog. Así que por favor, todo el mundo a adorar a Caty:)

SIPNOSIS:

Katniss Everdeen, ha sobrevivido de nuevo a Los Juegos, aunque no queda nada de su hogar. Gale ha escapado. Su familia está a salvo. El Capitolio ha capturado a Peeta. El Distrito 13 existe de verdad. Hay rebeldes. Hay nuevos líderes. Están en plena revolución. El plan de rescate para sacar a Katniss de la arena del cruel e inquietante Vasallaje de
los Veinticinco no fue casual, como tampoco lo fue que llevara tiempo formando parte de la revolución sin saberlo.
El Distrito 13 ha surgido de entre las sombras y quiere acabar con el Capitolio. Al parecer, todos han tenido algo que ver en el meticuloso plan..., todos menos Katnis.

DIOOOOOOOOOOOS lo siento, tengo que poner algo. Enserio, aquellos que han leído los dos primeros (Los Juegos Del Hambre, En Llamas) ¿no se os retuerce el estómago de la emoción? ¿No queréis dormir para que cuando os despertéis PLAFF, sea DOS? Porque desde luego, YO SI. Y ahoooora, el adelanto-primer capitulo que nos trajo la divina mano de Caty. Gracias Caty.

**Creo que sobra decir que quien no lo haya leido los anteriores libros se detenga AHORA, sino alla tú.**

Miro hacia mis zapatos, observando como una fina capa de ceniza se posa sobre su cuero cálido. Aqui es donde estaba la cama que compartía con mi hermana Prim. Hacia allá estaba la mesa de la cocina. Los ladrillos de la chimenea que colapsaron debido al calor de las bombas sirven de punto de referencia para el resto de la casa. ¿De que otra forma podría ubicarme en medio de este oceano gris?

Casi no queda nada del distrito 12. Hace un mes, las bombas de fuego del capitolio borraron del mapa las casas de los mineros, las tiendas del pueblo, incluso el edificio de justicia.

La única área que se salvó de la incineración fue La Villa de la Victoria. No se exactamente por qué. A lo mejor por si alguien se ve forzado a venir aqui por asuntos del capitolio pueda tener un lugar decente donde quedarse. El reportero de las noticias, alguien enviado para determinar las condiciones de las minas de carbón, una escuadra de agentes de paz en busca de refugiados fugitivos. Pero nadie va a regresar, nadie excepto yo. Y eso es sólo para una corta visita. Las autoridades del distrito 13 estaban en contra de que regresara, ellos lo veian como un riesgo costoso e innecesario dado que al menos una docena de transportadores invisibles surcaban el cielo para protegerme y de esto no sacaremos ninguna inteligencia.

De cualquier forma, yo tenía que verlo. Tanto, que lo puse como condición para cooperar con cualquiera de sus planes.

Finalmente Plutarch Hevensbee
el director de los juegos que organizó los rebeldes en la capital, lanzó sus manos al aire "¡dejenla ir! mejor malgastar un día que otro mes. A lo mejor un pequeño tour por el distrito 12 es justo lo que necesita para convencerse que estamos en el mismo bando"
El mismo bando.

El dolor ataca mi sien izquierda y la presiono con mi mano, justo sobre el lugar donde Johanna Mason me golpeó con el cable.

Las memorias se mezclan mientras trato de resolver que es verdadero y que es falso. Cual fue la serie de eventos que me llevó a estar de pie sobre las ruinas de mi ciudad.

Esto es dificil porque los efectos de la contusión que ella me causó no han desaparecido totalmente y mis pensamientos aún tienen esa tendencia a mezclarse entre ellos, además las drogas que usaron para controlar mi dolor y mi estado de ánimo a veces me hacen ver cosas, supongo. Aún no estoy totalmente convencida de haber estado alucinando la noche en que el suelo de mi habitación del hotel se transformó en un tapete viviente de serpientes.

Uso una técnica que me sugirió uno de los doctores.

Comienzo con las cosas más simples que se que son verdad y avanzo hacia las más complicadas. La lista comienza a desarrollarse en mi cabeza.

Mi nombre es Katniss Everdeen. Tengo 17 años. Mi hogar es el distrito 12. Estuve en los Juegos del hambre. Me escapé. El capitolio me odia. Peeta fue tomado como prisionero. Se cree que el está muerto. Lo más seguro es que esté muerto. Probablemente sea mejor que esté muerto.


Bueno Bueno, con este primer capitulo no puedo hacer más que arrancarme los pelos. Esperemos que nuestra Diosa, Sizonne, no haga ninguna locura y al chico del pan, también conocido como Peeta, MI Peeta, no le pase NADA y termine en manos de nuestra protagonista favorita.




5 de agosto de 2010

En efecto, maldigo mi suerte, porque esto inspirada...que digo, ¡inspiradísima! Y ya sé como entrelazar todo... pero cuando me pongo a escribir ¿qué pasa?

Resulta que mi carpetita azul donde tengo todo DE TODO ¡NO ESTÁ! ¿A qué se debe? A que el estúpido de mi hermano coja mis cosas sin permiso, por lo tanto, el último que vio esa carpetita fue él... pero claro, él no sabe donde está. Estúpido¬¬

Pero no quiero insultar aquí al estúpido de mi hermano, asique solo tendremos que esperar al once a que vaya a una casa en la que estuve hace dos días y llevé la carpetita,cruzar los dedos y que allí esté la carpetita.

Lo siento, enserio.

¡Muerte a mi hermano!

Jejeje tenía que ponerlo :P

2 de agosto de 2010

...

Qué queréis que os diga, es dificil el siguiente capitulo, porque quiero que quede perfecto, así que a pesar de que ya lo he empezado... aun me cuesta terminarlo.

Lo siento, pero a lo largo de la semana, ¡lo tengo!

Un beso,


Nati.

28 de julio de 2010

CAPITULO 41

No, no estáis leyendo mal, el capitulo 41 está aquí. Espero que no os hayáis ido. He tardado bastante porque tuve dos semanas fuera y otra... bueno con un familiar malo.

Aunque sé que probablemente me odiéis y no e creáis, a parir de ahora espero que cada día o cada dos ponga un capítulo. Ya estamos en la recta final, y tras un mensaje de una amiga. me volvieron a dar ganas de escribir con rapidez, porque cuanto más ánimo más y mejor escribes. No lo digo yo, sino creo que es algo en general.

Mañana por la mañana me pongo con el 42, que será más largo que éste.

No suelo dedicar mis capítulos, pero se lo merece.

Gracias por tus ánimos y palabras ISELA. :) Este capi va para ti. Aunque siento que sea taaan corto xd




   SALIMOS sigilosamente del palacio por la puerta de atrás intentando no llamar la atención. Iara e Insua iban uno a cada lado mía, con los ojos muy abiertos atentos a cada movimiento. Caminábamos en silencio, y a veces nos escondíamos entre las columnas para que quien estuviese pasando no nos viese.

  El plan era difícil y complicado por muchas cosas, pero la principal era que no teníamos plan. A pesar de que yo tenía algo en la cabeza, adónde teníamos que ir para rescatar a Leo y a Jotapé era un lugar que desconocíamos.

  Fuera ya en el patio, los tres ya no nos podíamos esconder por lo que calladamente caminábamos discretamente hacia la puerta. A pesar de tener la mirada clavada en el suelo, no podía evitar a veces mirar de reojo a los múltiples invitados que estaban por esa parte de atrás del castillo. Eran sobre todo adolescentes y algunos jóvenes, pero todos tenían su vestimenta cara y bonita, algunos con corona, otros con banda, otros sin nada pero con pinta de ser unos ricos repipis… Desde luego, un mundo que era mío pero al que yo no encajaba. Suspiré. Insua, que siguió mi mirada hasta los invitados, me apretó el brazo con cariño, y luego me lo puso sobre los hombros. Iara, que no se quería quedar atrás, me agarró fuertemente por la cintura, y así, unos abrazados a otros, salimos del castillo.

  Insua ya tenía diecisiete, por lo que ya tenía el carnet mágico oficial.  En su coche, me senté en el asiento del copiloto, y Iara atrás, pero se echaba hacia adelante, sin querer quedarse excluida.

  -¿Y bien? –Dijo Insua- ¿Alguna idea de adónde vamos?

Asentí.

  -Vamos a mi orfanato.

 

***

 

  Aparcamos el coche a un lado, y con un hechizo camuflamos nuestra vestimenta con otra más normal en un domingo como éste. Como en la salida del castillo, mis amigos se colocaron uno a cada lado mía, y sin pensarlo dos veces entramos.

  Aún echaba algo de menos ese mugriento lugar, y como no quería ponerme a llorar al pensar que Jotapé podía de verdad no estar ahí, como un rayo entré al despacho de la directora. Insua y Iara, fascinados por el orfanato, iban algo más atrás, pero sin terminar de dejarme sola.

  Mi estancia en el orfanato fue rápida, o al menos así lo recuerdo.

  La directora se asombró de verme ahí, y cuando ya se ponía a hablar le interrumpí y me dejó ir al edificio de los chicos, para visitar a Jotapé.

  No sé si alguna vez lo mencioné, pero el orfanato se dividía en dos edificios que se unían por medio de la cafetería. En uno estaban las chicas, y en otro los chicos. El edificio de las chicas tiene cuatro pisos mientras que el de los chicos sólo tres. A pesar de que en los dos, los últimos pisos tenían la terraza y habitación más grande, la de las chicas era mucho más grande que el de los chicos, por eso en las fiestas o en las noches apasionadas, era el chico quien iba a la habitación de las chicas.

  Jotapé, Melisa y yo no éramos una excepción, pero a veces me gustaba estar en compañía masculina e iba con Jotapé, claro que como solía ser a altas horas de la noche, tenía que ir por su ventana, que sabía cuál era.

  A contrario del número de su habitación.

 -Sé que está en el segundo piso porque la primera vez que saltó desde su ventana –dije recordando- Jotapé tropezó y cayó en la terraza de abajo. –A parte claro de las numerosas veces que subí a su habitación, pensé.

  -¿Y el que residía allí no le importó? –preguntó Iara alzando una ceja.

 -Qué va –dije quitándole importancia con una mano- además, en el primer piso nadie vive: a nadie le gusta –expliqué tras sus caras de interrogación.

 Subimos al segundo piso y me puse en cabeza, buscando la habitación.

  -212, 214, 216… -miraba a la derecha, porque su número era par, pero no recordaba cuál era exactamente.

  -230… -y me paré en medio de la 232 y la habitación 234.

  -¿Ya? –Dijo Iara, cansada- ¿Y bien? ¿Cuál de estas es?

  -No lo tengo muy claro, la verdad –dije.

Insua suspiró.

  -Bueno, solo se sabe si pruebas.

Toqué la puerta 232 una, dos, tres veces y nadie abrió. Miré a mis compañeros temiendo lo peor y para cuando dábamos la vuelta, el picaporte se movió y de la habitación salió… Manuel.

  -¿Manu? –dije

  -¿Tis? –Dijo estupefacto- ¿Qué…?

Sacudió la cabeza.

  -¿Qué haces aquí? –terminó.

 -Busco a Jotapé –dije.

 -Él está en la 234, boba –su medio sonrisa que me conseguía derretirme asomó por la comisura de la boca.

  -Ah, bueno, gracias –y sin dejarle decir nada más, aporree la de la habitación de Jotapé. Mucho más rápido que la otra, enseguida se abrió, y sin ver quién era, caí en sus brazos.

  -¿Tisiana? –una extrañada voz masculina retumbó en mis oídos- ¿Qué haces aquí?

 Me separé de él y tras reconocerle, bajé la mirada.

  -Oh, Miguel –dije alicaída.

  -Esto… hola –dijo él tímido.

Atrás mía carraspearon y les presenté.

  -Miguel, estos son mis amigos Insua y Iara, chicos, éste es Miguel.

Tras besos y apretones de mano, Miguel agarró la mía y me llevó a su cama, al lado había otra vacía. Qué tonta pensé Miguel y Jotapé comparten habitación. Mierda.

  -Bueno, ¿qué tal por… dónde estás? –preguntó Miguel con su sonrisa inocente y escrutando mis ojos.

  -Bien –si supiese que en menos de un mes había viajado, había sido atacada por el Señor Oscuro y había sido nombrada heredera del trono de los Cinco y de España, que mi novio y su compañero de habitación fueron raptados por el señor Oscuro… y todo eso sin quitar que mi nuevo colegio era mágico. –Me  va bien –sonreí. No tenía porqué saberlo todo.

  -Ah, bien, me alegro, aquí se nota mucho tu ida, ¿sabes? Jotapé y…

  -Miguel –interrumpí- Lo siento, es que no tengo tiempo, de eso mismo quisiera hablar.

  -Oh, bueno, pregunta –dijo él rascándose cómicamente la cabeza.

  -¿Y Jotapé, Miguel?

Miguel frunció el ceño y bajó la mirada, para luego volverla a clavar en mí confundido.

  -Pensé que… -se calló abruptamente, pero luego volvió al ataque- ¿No lo sabes? –Dejó la pregunta unos segundos al aire, que tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para no zarandearle y gritarle- Jotapé no está, Tis.



Entre mañana por la noche y pasado estará el 42! O eso espero, vamos :)


OSQUIERO.

24 de junio de 2010

DE VUEEEELTA

HOLAAAA!!!

Sé que tendríaque haber vuelto hace unos cuantos años, pero me quedaron tres y las tuve que recuperar, no os preocupéis, LAS RECUPERÉ jijijiji asique me queda este hermoso verano por delante para vosotras:)

Gracias a las que esperaron.

Ahora, en cuanto a "Abriendo los ojos"voy a tardar en subir porqe voy a leerme tooodo el "libro" otra vez para que todo encaje xD

Bueno, niñaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas/os que el miercoles que viene es TREIINTAA jajajjaja:D:D

Un besoo.

22 de mayo de 2010

¡STOP!

Como estoy viendo en muchos otros blogs, la gente se toma unas vacaciones. ¿Sabéis a lo que me refiero?

Veamos,

Estas vacaciones desde luego que no lo son: duran entre 1-3 semanas en las que si pueden se escabuyenn a ver algunas traducciones (como el boom del momento: spirit boound, que se traduce en el maravilloso foro de purple rose) y ¿por qué no son vacaciones? Porque en las vacaciones puedes rascarte las... en cambio en estos casos, pones los codos sobre la mesa y a estudiar!!

Porque sí, ya llegaron los temibles exámenes finales. Los más importantes, los que dan nuestra libertad para el verano a la vuelta de la esquina. Porque cierto es que si me castigan sin salir por suspender me quedaré en casa escribiendo. PERO sería cuando ellos no se enterasen.... y etc etc y NO.

Además, seguramente no os importe esto, PERO en septiembre (04 exactamente) me voy para Canadá (:D) y volvería el 30-31 de octubre. Si suspendo una, ya me puedo despedir. Mi mejor amiga se va un año a EEUU y tengo, necesito, estar con ella este verano, ir a las múltiples fiestas que se celbrarán por y para ella. Si suspendo una, ya me puedo despedir. Quiero escribir en mi portátil, mi bebé que unos malvados me raptaron. Si suspendo una, ya me puedo despedir. Quiero a mis amigas de mi cole, las clases, el apestoso uniforme, no me quiero ir, pero, si suspendo una, ya me puedo despedir.

Y tras esto que a nadie le importa xd, os dejo durante estas 3 semanas. Hasta el 4 de Junio que termino todo y os cuento. Pero intentaré subir otras cosas:)

Un besooooote:)




39 DIAS PARA ECLIIIPSE:)

4 de mayo de 2010

CAPITULO 40

Hooola:) A disfrutaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar!

Aé quedaba un bloque de escaleras para bajar, y dos escalones para quedar a la vista, ya que la escalera era curva, como la de sonrisas y lágrimas. Las piernas me empezaron a temblar cuando escuché nuestra entrada:

-¡Con todos ustedes la princesa Tisiana Martínez! -las trompetitas empezaron a sonar y tras un último cruce de miradas, Richard y yo descendimos la escalera.

No conseguía ver nada. Un foco nos alumbraba y la multitud se me veía oscura. Abrí mi boca en un intento de sonrisa y saludé. Un aplauso se hizo oír. Respira, respira pensaba. Por fin, llegamos al último escalón y mi padre me cogió de la mano pero alzándola hasta casi quedar recto, todo era muy formal, no como antes...

-He aquí presente a mi primógenita y a su hermano, como ya les íbamos diciendo antes, el rumor es cierto. Pero fue en contra de nuestra voluntad -se apresuró a decir. Tenía toda la atención del público, también la mía. Mientras clavaba su mirada en los invitados nadie hablaba, nadie susurraba, estaban como hipnotizados- Sé que muchos de ustedes, reyes, les habría encantado poder tener a otro hijo, cientos inluso -sonrió mirando fijamente a una pareja que iban elegantemente vestidos combinados por sus coronas. La mujer, que era rubia, sonrió- igual que nosotros, pero bajo ningún concepto hubiésemos quebrandado nuestras preciadas reglas, pero una profecía nos obligó.

Y entonces mi padre, sin tantos detalles como sabía yo, pero aún así con muchos, les comenzó a relatar las historias sobre las profecias, sobre mi supuesta muerte, mi búsqueda, mi encuentro... todo. Hasta que por fin, terminó.

Tampoco ahora nadie habló, y entoncesmi madre, que hasta entonces había estado apartada, se adelantó y dijo:

-Os pedimos perdón por nuestra mentira durante estos casi dieciséis años -no pude sino deprimirme al recordar que en realidad tenía un año menos- pero desde hace siglos las tres profecías se tenían ocultas. Cualquiera de vosotros hubiese hecho lo mismo -fulminó con la mirada a todos. Estuvimos durante varios minutos en silencio, entonces mi madre sonrió: ¡Qué empieze el banquete!

***
Debía de haber unas diez hileras de mesas, con casi iguales juntas, por lo que pude calcular que había allí unos quinientos invitados... o más. No sólo había reyes, sino nobles como condes, duqueses, y amigos de los no reales, como los de mi madre antes de ser reina, familiares de otras personas, o mis propios amigos que en este momento buscaba con la mirada.
Llevaba casi toda esas tres últimas horas buscándolos por las mesas pero nada. Mi hermano se acercó a mi, me agarró del brazo y susurró:
-Te van presentar al Segundo, la mano derecha de papá. Es el rey de América. Sonríe mucho -y nada más terminar, visualizamos a mi padre que hablaba acaloradamente con una pareja.
-¡Oh! Aquí está mi niña -dijo pasándome el brazo por los hombros- ¿No se me parece? -mi padre, orgulloso, pegó su mejilla contra la mía, provocándome un rubor.
-Por Dios, Richard, mira cómo la estás poniendo -rió la mujer. Para mi sorpresa era la misma que sonrió a mi padre durante su discurso, la que quería tener cientos de hijos. Su melena rubia riza perfecta casi le rozaba los hombros, y sus mofletes rosados sobre su piel porcelana la hacían hermosa y relucir tanto como su dorada corona que brillaba sobre su cabeza.
El hombre que estaba a su lado, llevabauna corona casi igual que la de mi padre, lucía un traje azul marino y era pálido como el solo. Pobre, sus ojos violetas saltaban en comparación con lo demás. Su pelo era castaño claro, pero casi no se apreciaba por lo corto que lo tenía.
-Es todo un honor -dijo poniendo su mano con la palma hacia arriba para que yo colocase la mía sobre la de él. Tras hacerlo, besó mis nudillos. Me puse colorada y murmuré un agradecimiento- Si fuese otra persona no sé si le hubiese perdonado tal pecado, pero solo hay que ver a Richard, -continuó el hombre- para ver lo mucho que sufrió pero cuánto se alegra de tenerte aquí ahora -le sonreí agradecida, pero bajé un poco la mirada, intimidada y para ver a mi hermano Richard que me sonrió: parecía que las palabras de aquel hombre no le afectaban.
-Nosotros somos Andrew -dijo la reina señalando a su marido- y yo soy Marie. Mi marido es la mano derecha en los Cinco, y nuestra corona significa el reinado de América -sonrió.
-Yo... bueno, es un gusto conocerles -tartamudeé...
-¡No, no, no! -saltó el rey- nada de formalismos, aquí como de toda la vida, ¿verdad hijo? -dijo abrazando a mi hermano, quien abrió mucho los ojos. Pero enseguida sonrió- Este chaval es tímido pero un gran hombre, como su padre.
-Bien -dije- yo soy Tisiana, aunque eso ya es un poco obvio, ¿no? -sonreí.
Estuvieron hablando unos quince minutos más sobre veranos juntos, cumpleaños, etc etc. Mi trabajo era sonreir y asentir, y a veces soltar alguna onomatopeya, pero en realidad buscaba a mis dos amigos. Eran casi las doce, teníamos que irnos ya.
-Richard -le susurré en el oído- ya me voy dentro de nada, entretenlos, porfavor.
-Vale -asintió el.
-¡Mira quien se dignó a aparecer! -dijo el gran hombre. Un joven apareció, y vagamente escuché la presentación.
-¿Princesa? -dijo el chico.
-Perdón, ¿decíais? -dije intentando centrarme.
-Que soy Jack Stewart, príncipe heredero... -comenzó.
-Es Mario, mi hijo, que se anda con las ramas para intentar ligar con jovencitas como tú -dijo Andrew.
Todos rieron ante la gracia del rey, seguramente lo mejor que hubiese podido hacer fuese reir, pero me incliné un poco y murmuré una disculpa. Mi hombro derecho pegó contra el del chico,que se quedó anonado ya que le había dejado con la palabra en la boca, pero eso a mí ya no me importaba. Había encontrado a mis amigos, me acerqué y susurré en sus oídos:
-Vámonos antes de que nos echen en falta.
Iara e Insua asintieron y salimos del gran salón. Respiré hondo, el plan estaba en marcha, no había muy poco tiempo. La vuelta atrás había empezado.
TATATATTAAÁAAAN!! ajajajja Espero que os guste, y como he tardado taaaaaaaaaaaaanto en escribir, en dos dias BAM! dos capitulos jugosos.
No dejeeis de visitarme:)
1beeeso:)

2 de mayo de 2010

CAPITULO 39

holaa!!!


Bueno, aquí he el capítulo 39, que en un principio pensé que sería cap 39 y 40.. pero me dije, ¡qué diablos.!! Así que feliz día de la madre para España:)

Era de noche. Respirando hondo miraba por la ventana. Estaba en una habitación de invitados, la más grande, al fin y al cabo no sólo era un invitada importante, sino que este castillo en realidad es mi casa. O tendría que haberla sido si no fuese por las malditas profecías. 

  Hubiese sabido desde un principio quién era yo, de dónde venía y cuál era mi cometido. Sabría utilizar mis poderes como fuese debido, sabría comportarme en los banquetes, sabría comportarme como todos quisiesen que una princesa se comportase, sabría hacerme de querer... hay tantas cosas que sabría hacer si desde un principio hubiese sabido que no soy Tisiana Severino, sino Tisiana Martínez, heredera del trono Mágico de Europa y heredera del líder de los Cinco, aquella formación que los cinco continentes tenían para poder vivir en paz...
  
  Alguien llamó en aquel momento a la puerta, suavemente, tres veces. Me sequé las lágrimas que resbalaban por mis mejillas, me alisé un poco el vestido que me habían dado y di permiso para que entrase fuese quien fuese.

-¿Alteza? -una tímida cabeza se asomó desde atrás de la gran puerta- La esperan.

Intenté sonreír y asentí.

-Gracias, enseguida estoy allí abajo.

Después de que la puerta se cerrase me levanté y fui al baño. El espejo, que era de unos do metros de ancho y largo, me devolvió mi reflejo. En verdad parecía una princesa.
  
Mi vestido azul de escote cuadrado caía largo y liso hasta el suelo, con tan solo una manga en el hombro derecho donde había un broche de color violeta que me había regalado Insua por la tarde. Mi pelo perfectamente recogido excepto por dos mechones con forma dew tirabuzón que estaban delante. Mi flequillo estaba hacia un lado, como siempre, soloque sujeto con miles de horquillas para que no cayese. Pero mis ojos violeta bordeados por un color negro del maquillaje, miraban penetrantemente a la resplandeciente corona plateada que resposaba delicadamente en mi cabeza.

Hacía que a mi aspecto demacrado y cansado no se notase, era cosa de magia. Sonreí. Y entonces, tras suspirar un par de veces más, salí de la habitacíón.

A pesar de estar en la tercera planta, el murmullo de los invitados ya se oía. Mis tacones repiqueteaban por el pasillo vacío. De vez en cuando algún sirviente pasaba corriendo por ahí, terminando de arreglar las habitaciones para los demás invitados, claro que, antes se paraban resollando, inclinaban la cabeza en mi dirección y se volvian a ir corriendo.

La noticia de la llegada de la "verdadera" heredera de los reyes se había extendido por los cinco continentes más rápido que la pólvora, y mi madre había invitado a los nobles más importantes a una cena de presentación, y, claramente, para una disculpa y explicación del rompimiento de la ley mágica de sólo tener un hijo. 

La tarde la pasó ensayando el discurso y haciéndome probar miles de trajes para le cena, mandando sobre los criados, yendo de un lado para el otro... en vez de estar rescatando a Leo y a Jotapé, como debería estar haciendo. Pero cuando le comuniqué mi decisión, se levantó histérica y me dio un no rotundo.... para luego echarse a llorar desconsoladamente.

Insua, Iara y yo nos quedamos petrificados en el sitio sin saber muy bien qué hacer, pero enseguida Antón se levantó 
y la fue a consolar. Cuando se tranquilizó, la reina se arrodilló frente a mí y cogió mis manos que se retorcían nerviosamente sobre mis piernas y me rogó que no fuese, que era un suicidio, que era peligroso.

-No puedo dejar que maten a mi novio y a mi mejor amigo. Son inocentes -dije yo.

-¡Y tú también lo eres! -habia respondido ella con los ojos muy abiertos. Entonces, entre ella y Antón trazaron un plan: harían una copia de mí que se presentaría allí mañana por la mañana. Me había negado: ni siquiera yo era tan estúpida, pero entre lágrimas mi madre sonrió intentando pensar que sí. Me dio miedo, y tras comentarselo a mis amigos, Insua e Iara también estaban de acuerdo conmigo en que Claudia no actuaba en ese momento como reina, sino como madre.

Bajé las escaleras suavemente, sin prisa, admirando los cuadros de mis antepasados, y me dirigí a la habitación que mi madre había dicho para encontrarnos. Al llegar, dos soldados que graciosamente escoltaban la puerta la abrieron anunciándome.

-¡Su majestad, la princesa Tisiana Martínez! -dijeron alzando la voz. Y entré.

Era una biblioteca. Una enorme biblioteca con enormes y inumerables estantes donde descansaban miles de libros. Me quedé en la puerta, con la boca abierta. Tenía dos pisos y de estas ascaleras que se movían para coger los libros más altos. Me vino a la mente una imagen de la biblioteca que la bestia tenía en su castillo en la "Bella y la Bestia" de Disney.

-Tisiana, hija, estás deslumbrante -dijo mi madre acercándose a mí. Llevaba un vestido color verde oscuro muy elegante que le hacía ver más joven. Si mi corona plateada pesaba, no quería pensar el dolor de cabeza que mi madre debería de tener con semejante corona. Tenía dos pisitos de diamantes y era dorada. Parecía que brillaba por sí sola, como un foco- Antes de bajar del todo quería presentarte a alguien -dijo, y se separó. Al fondo, un hombre estaba de pie junto a la ventana. No era muy alto, era incluso más bajo que mi madre, pero a pesar de ser más bajo que Insua -que estaba a su lado- su porte y seguridad le hacían ver enorme.

A paso lento me acerqué a él. Sabía quien era él, y él sabía quien era yo.

Su piel estaba bronceada, en forma de "O" sus labios eran carnosos, no como los de mi madre, sino como los mios. 

Llevaba un traje negro con una banda violeta con muchas medallitas. Tenía las manos detrás de la espalda, y sobre su espesa mata negra que por pelo tenía, una corono dorada brillaba. Sus ojos de un hermoso, brillante y jovial violeta me miraban incrédulos.

-Dios mío, era cierto -dijo. Se llevó una mano al puente de la nariz, intentando seguramente, contener las lágrimas.

-¿Pa...dre? -dije.

Mi madre, tal y como sensible estaba, se echó a llorar, me agarró de la mano y me acercó al hombre que estaba paralizado. Tenía en él más semejanzas que con mi madre. Los labios, la nariz, las cejas, el violeta más profundo...
El rey vaciló y miró a mi madre. Entonces volvió a hablar casi en un susurro.

-La encontramos, Claudia. -Su voz era profunda y seguramente infundaba confianza y respeto, pero cuando le habló a su mujer, su voz era temblorosa y asustadiza.

Mis ojos se anegaron en lágrimas, pero no broté ni una sola. Moría por un abrazo suyo, pero me daba vergüenza decirlo y hacerlo.

Levantó una mano en pos a mí, y le miré desconcertado. ¿Una mano? ¿Enserio? Pero no dije nada, se la estreché. 

Abrió la boca, parecía que iba a hablar... y entonces me abrazó. Primero delicadamente como si temiese que rompiese, pero luego apretó más y más hasta tal punto que casi no podía respirar. Pero yo también apretaba mis brazos en torno a él. Ninguno de los dos quería soltarse, teníamos demasiado miedo a que pudiese desaparecer el otro. 

Su enorme mano me acarició la cabeza.

-Mi niña... mi niña... -susurró y sollozó. El rey, aquella imagen que yo tenía de ellos de fuertes se desmaterializó en el aire, por que en mi hombro el rey comenzó llorar quedamente- Te perdí una vez, pero nunca más, mi niña... -repetía. 

Otro par de brazos se nos unieron, los de mi madre.  Con el rabillo del ojo pude ver a Insua ya Iara que se apartaban mirando a otro lado, dejándonos intimidad.

-Bueno, ya está bien -dijo mi padre separándose.- Tenemos que bajar y explicarle el mundo esto -me señaló con una sonrisa. 

Y detrás de los reyes, en medio de mis amigos, salimos de la habitación para enfrentarnos al resto del mundo.         
 
***
 
Mis padres se habían adelantado un poco para discutir, seguramente para hablar sobre lo que dirían abajo. Insua e Iara se pusieron a ambos lados de mi. Tras discutir sobre un plan que a ninguno de mis amigos le gustaba pero que no me dejarían sola, Iara me cogió la mano y sonrió.
  
  -Esta preciosa, Alteza -dijo robándome una sonrisa.
  
  -No chicos, vostros no... -no hizo falta que terminase la frase.
  
  -Bien, mejor -dijo Insua- no quería tener que rebajarme tanto para llamarte princesa o alteza... ¡Ay -dijo cuando le pegué un puñetazo suave en el hombro, que se frotó sonriendo. Nosechamosa reir a la vez,y entonces volvieron mis padres.
  -Siento interrumpiros, chicos -dijo mi padre. Una sensación me recorrióla espina dorsal- tenéis que ir bajando, enseguida bajamos nosotros -dicho esto, Iara me dio un beso en la mejilla, me deseó suerte y se fue escaleras abajo, seguida de Insua que me besó en los nudillos y me guiñó un ojo. Segundos después, mi madre me dio un apretón en la mano derecha. El rey me cogió la otra mano y me acarició la mejilla. Les sonreí a medias, ya que mi mente estaba ya en otra parte, en plan trazado, pero aún así, en este cuadro faltaba alguien... que apareció de la nada con cara de resaca y la corbata mal abrochada.
  -¡Richard!-ezclamó mi madre quizá demasiado alto. Dos guardias que se encontraban al pie de la escalera se acercaron unos pasos, pero tras una señal del rey, dieron marcha atrás- Pero bueno hijo, ¿qué horas son estas?
  -Sí, bueno, lo siento... no quería -Tenía la voz ronca.
El rey y la reina cruzaron una mirada de complicidad. El rey Richard le puso una mano sobre los hombros y le apretó.
  -Os esperamos abajo.
Y tras decirlo, mi madre pasó su brazo por el de su marido y comenzaron a bajar las escaleras. Enseguida los aplausos se hicieron oír. Miré a Richard, nerviosa pero contenta de que esuviera aquí. Debía de haber sido duro ser el heredero y que de repente una completa desconocida ocupase el trono que le habían prometido. Richard miraba hacia otra parte, evitándome, algo que era normal pero que aun así me dolió.
 
   -Quiero que sepas que siento todo esto. No estaba planeado, ni siquiera sé si quiero ser reina... -dije.
    
  -No es algo que se quiera o no querer. Es algo que se hereda -dijo él de forma quizá demasiado seco, pero en vez de saltarle como haría normalmente, suspiré.
   
  -Es totalmente comprensible que me odies. Seguramente yo también me odiaría -dije. Ahora fue él quien suspiró- Pero quiero que sepas...
  
  -No te odio -dijo. 

Las palabras se me atragantaron.
 
    -¿Perdón? 

Los ojos violetas de Richard por fin se reunieron con los míos.

  -Que no te odio. Verás, sé que sería lo normal, que cualquier otra persona te odiaría pero yo no -se tomó una pausa anes de seguir- . Yo no porque el peso de ser el heredero se me hacía muy grande, la corona me pesaba, las responsabilidads, las reuniones, las clases... sabía que no era para mí, pero claro, ¿qué iba a saber yo, que a quien en realidad sí le correspondía estaba por ahí perdida sin ni siquiera saber quién era? Así que me callaba. Sólo manifrstaba mi desacuerdo emborrachandome y tal... -se puso colorado- sé que no era la mejor forma... pero no se me ha ocurrido nada mejor. Y de repente llegas tú con tus ojos violetas y mi madre casi muere cuando tu estabas inconsciete. Admito que me puse celoso, pero no sabía quién eras. Hasta que mi madre salió de la habitación y me dijo que antes que yo había alguien más. No me lo creí -su mirada recorría la alfombra roja del suelo- al principio, no. Pero entonces cuando despertaste y vi como recorrías el castillo, como devolvías los saludos (aunque admito que vacilabas un poco, lo cual me hace gacia) pero los devolvías como papá lo hace, sin que nadie te enseñase -Sus ojos volvieron a los míos- cómo tras el rapto de tu novio, conseguiste estar en calma, como llevas ahora la corona... y no sé -extencdió los brazos a los lados- una intuición que tengo, tras eso me hacer ver la reina que hay dentro de tí. Vale -dijo llevándose una mano al pelo- ahora sueno cursi y maricón, pero es la verdad, y me cuesta decirte esto... pero... quería -me miró a los ojos- necesitaba que lo supieses, que no te odio, que... aunque parezca egoísta, me has sacado un gran e importante peso de encima. Que pase lo que pase abajo, y decidan lo que ahí decidan -dijo señalando con la cabeza hacia las escaleras- quiero que sepas que no te odio, sino te admiro -sus manos recalleron sobre mis
hombros- . Te admiro por tu fuerza y coraje por que sin rechistar vas a bajar y admitir a todo el mundo mágico quién eres y por qué desapareciste... porque no tienes miedo, o no lo aparentas. Porque no vas a hacer caso a mamá en lo de que no actúes respecto a lo de tu madre -salté, asustada- Tranquila, era obvio, no sé como madre no se da cuenta -sonrió con sorna, pero enseguida se puso serio- En cambio yo no haría nada intentándo convencerme a mi mismo que debo obedecer a mi madre. que ella sabe lo que dice. Y también te admiro porque sé que vas a ser una gran reina y eres una buena princesa -sonrió, después

como si se despertase de un sueño, sacudió la cabeza y sacó las manos de mis hombros echándose a la vez para atrás. Pero yo no le dejé mucho espacio.

  -¡Oh! -dije y le abracé- Gracias, gracias, gracias -repetí- Es muy importante todo lo que me acabas de decir, y mucho más al saber cuánto te costó decirlo. Pero lo necesitaba, enserio, y Dios... -sonreía sin parar- No sé que decir excepto que significa muchísimo. Pensé que me odiarías. Siempre quise tener un hermano, y de repente tengo uno, pero al tenerlo le robo algo, y no es que fuese una habitación, sino le robo dos tronos -me separé de él, pero ahora mis manos estaban sobre sus hombros- No sé si voy a reinar bien, si seré buena princesa, pero desde luego seré ,ucho mejor ahora que tengo tu aceptación.

Le volví a abrazar.

  -Gracias -dije.

Estuvimos fundidos en un abrazo varios segundos, hasta que él carraspeó y se separó de mí.

  -Bien, ahora hermanita, tenemos que presentarte al resto del mundo -me ofreció su brazo, que cogñí encantada- Sé preferirías a alguien más alto y de ojos azules, pero te tenfrá que valer este sustituto.

Le sonreí más, si es que era posible.

  -Casi eres la compañía perfecta -dije.

Y riendo bajamos por las escaleras.



Sieento que haya sido tan tostón.... os quiero:)

24 de abril de 2010

holaaa!!!! PORFIN PORFIIN PORFIN la segunda parte del capitulo 38:)


Y seguramente mañana el 39. Gracias por esperarme y no odiarme mucho:)

CUANDO por fin abrí los ojos, sabía qué era lo que tenía que hacer. Las sombras que se arremolinaban sobre mi cabeza se convirtieron en caras, y sus facciones en preocupación. Antón frunció su entrecejo y cuando vio que estaba despierta de nuevo, sonrió y dijo algo alzando la vista. Al lado de Antón estaba la inconfundible melena roja de Iara que suspiró, aliviada; después dejó caer su cabeza sobre el hombro de Insua que me guiñó un ojo.

A la altura de sus ojos otros entraron en contacto con los míos. Los angustiados ojos de mi madre. Mi madre. Sonreí.

-¿Tisiana? ¿Me oyes? –dijo mi madre. Su voz sonaba agitada.

Intenté incorporarme colocando mis brazos estirados detrás, de todas maneras, Iara se puso a mi espalda y me sujetó desde allí, con una sonrisa se lo agradecí.

-¿Está bien, Tisiana? –Dijo Antón poniendo una mano en mi frente- Nos ha dado un susto de muerte, señorita,  desmayándose así de repente.

 -Últimamente lo hace a menudo –dijo Insua encogiéndose de hombros, pero con la sonrisa en los labios. Iara le pegó una colleja amistosa.

-Sí, bueno  -dije, alcé la mirada y pude ver más caras curiosas, asentí: no era el momento ni el lugar donde contarlo- , seguramente habrá sido un ataque de ansiedad –Entonces, de nuevo la escena pasó en mi mente, borrando cualquier expresión que tuviese en aquel momento.

Leo. Leo fue raptado por el Señor Oscuro, cuando en realidad me quería a mí. Tenía a mi madre de amenaza para que yo saliese y en vez de salir yo, sale mi novio en ¿defensa? Leo se entregó para salvarme.  Porque no creo que el Señor Oscuro quisiese charlar conmigo. Volví a cerrar los ojos y dejé caer mi cabeza contra el pecho de Iara.

-¡¿Tis?! –Dijo ésta- ¿Estás bien?

-Si –dije con un hilo de voz.

-¿Qué te pasa? –esta vez fue mi madre.

Unos segundos transcurrieron antes de que respondiese:

-Leo.

Mi madre se puso seria y asintió, entendiendo. Alzó los brazos y me abrazó. Mi mirada quedó en alguna esquina vagando mientras me decía palabras de ánimo al oído y Iara con cariño, me acariciaba el pelo. Me ayudaron a ponerme en pie, y los curiosos, guardias y asistentes estaban allí me miraron, atónitos. No se creían que la reina y rey hayan quebrantado la ley más dura de todas, y nada más y nada menos que los reyes de los Cinco. Sus miradas intimidadoras me atravesaban. Miré a la derecha y vi a mi madre, que me apretó la mano y me miró como diciendo: “ahora va lo malo”.

Se estaba haciendo la fuerte. Busqué con la mirada al príncipe Richard, mi hermano. Pero ya no era el heredero. Era yo. Abrí mucho los ojos al darme cuenta de eso. Era heredera del reino mágico de Europa. Y era la heredera del rey líder en los Cinco: los otros cinco continentes, aunque seis reyes más.

Devolví la mirada al público que se iba asomando. Suspiré hondo. Cuadré los hombros y ahora yo atravesaba con la mirada a todos, sin miedo a que se diesen cuenta del color de mis ojos, más bien todo lo contrario, que lo viesen, que se diesen cuenta de que la heredera del trono estaba aquí.

Entonces, con voz alta, clara y autoritaria la reina habló.

-Mi adorado pueblo, os presento a Tisiana, heredera de nuestro reino. Sé que la ley prohíbe el tener otro hijo, pero mi querida Tisiana me fue arrebatada por culpa de una loca, así que pido comprensión y paciencia, ya que hasta que llegue mi marido no hablaremos de esto ni de nada oficial –miraba uno a uno con firmeza pero a pesar de su mueca de la cara, hablaba con dulzura a sus súbditos. Sonreí: era una reina estupenda- . También pido que esto sea un secreto entre nosotros hasta que decidamos contaros toda la verdad.

Los allí reunidos tenían toda su atención puesta en la reina, pero entonces me miraron, se giraron para verse unos a los otros para volver a mirarme a mí.

Poco a poco, y sorprendiéndome, uno a uno fueron bajando la cabeza en señal de respeto.

Mi madre soltó el aire que aguantaba y sonrió.

-Gracias –se agachó ligeramente, agradecida, y me miré. Me quedé plantada allí, seguramente con cara de idiota, y entonces me incliné yo también.

Cuando me levanté, me sorprendí de ver a mis dos amigos con la cabeza agachada, pero me daba vergüenza decir algo. Todos estaban en silencio. Solo el ruido de gente fuera que venía hacia aquí nos decía dónde estábamos y por qué estábamos así. Y me volvió a la cabeza.

Miré a mi madre, y con la cabeza señalé la puerta. Nos dirigimos hacia allí, y entonces la puerta se abrió y una avalancha humana entró en la estancia.

-¡Alteza! –decían.

-¿Hay algún herido? –gritaban también.

-¡Ronald! –otros reconociendo a alguien de dentro.

Anunciando que estaba ilesa mi madre me agarró por la mano, yo a Insua y él a Iara, y en cadena salimos del gran hormiguero ese.

Nos guió por los enormes y laberínticos pasillos hasta llegar a una puerta doble alta, blanca y con manillar de oro.

Mi madre se cogió del cuello una cadena de la cual pendía una llave que entró perfectamente por la cerradura, la giró y abrió la puerta.

Entramos a una majestuosa habitación con un ventanal enorme frente a nosotros. Una cama matrimonial estaba a la derecha con un baúl al pie. Dos mesitas estaban al lado de la cama, y por el lado derecho una puerta estaba cerrada. A mi izquierda había un tocador y al lado una puerta que estaba abierta y se podía ver un lavamanos.

Era la habitación de los reyes, mis padres.

Ella hizo aparecer cinco sillas y en ellas nos sentamos Insua, Iara, Antón, mi madre y yo. Entonces respiré hondo, una, dos, tres, cuatro veces.

-Tis, ¿qué te pasó? Porque no fue un desmayo, ¿a qué no? –dijo Insua.

Negué con la cabeza con la vista al suelo.

-¿Fue una visión? –dijo de nuevo él.

Asentí.

-Del Señor Oscuro –afirmó él, pero de nuevo, asentí.

Iara y mi madre cogieron aire.

Levanté la vista.

-Quiere hacer un intercambio –dije.

-¿Cuánto quiere? –dijo Iara inocentemente.

-Mucho –dije yo.

-Le daremos lo que pida cielo, tranquila –dijo mi madre apretándome la mano.

-Creo que Tisiana no ha terminado –dijo Insua.

Todos se quedaron en silencio mirándome.

-Quiere hacer un intercambio –repetí- la vida de Leo por la mía.

-¿Qué? –saltó Iara.

-Ya se nos ocurrirá algo para… -empezó Antón.

-No –le corté-. Tiene un rehén. Tienen a Jotapé.

Iara e Insua se miraron.

-Y no pienso decir que no.

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