31 de diciembre de 2009

FELIZ AÑO

FELIZ AÑO 2010!!!

Espero que el 2009 os haya ido de maravilla, pero os deseo un nuevo año lleno de
felicidad, amor, amistad, MUCHOS LIBROS.

Porque un año se va, pero otro viene. Espero que este año que entra sea maravilloso, mucho mejor que el 2009, sin guerras, sin crisis, con BUENAS NOTAS
etc.

Un gran beso de vuestra amiga Natalia(:
Seguid visitandome en el 2010, en el cual se llenará de cosas mucho más mejores ahora que sé como moverme por aquí.

A tí, que estás pensando en abrir un nuevo blog, ábrelo, te deseo suerte y tienes TODO mi apoyo.

A ti, que me tienes afiliada, Gracias por todo.

A ti, que me lees y visitas, Gracias.


a TODOS, en realidad, os debo mucho, garcias qpor ayudarme a entrar en este mundo maravilloso con sonrisas y apoyarme en todo.

Os quiere, Nati(:

FELIZ 2010

Otro prremio xD


Como el titulo dice, OTRO PREMIO, repetido, pero de persona diferente por lo que TOTALMENTE diferente(:


Bueno, gracias al blog de Vane Dhampir por el premio(: Besos guapa:D


Premios!!

Tras mucho tiempo sin ellos, vuelven los premios(:

Gracias al blog de mi amiga silver por ellos jaja







SON PARA TODOS MIS AFILIADOS Y LECTORES(: SIN USTEDES NO SOY NADA.






30 de diciembre de 2009



Hola mis queridos lectores(:

Bueno aquí os traigo un libro que me encantó, mas tardé un montón en leerlo por problemas del blog que lo tradujo, GRACIAS


pero porfin lo tenemos completito y perfectamente traducido(: Bueno, os dejo aquí el argumento (sacado del mismo blog)

Sipnosis:
Talía cayó bajo un hechizo…Jack quebrantó el maleficio.
- Recibí instrucciones de tener cuidado con el huso maldito, pero era tan encantador, tan hipnótico…

- Yo solo andaba buscando una pequeña aventura el día que había salido de paseo con mi grupo de excursión. Pero encontré un letárgico pueblo, con una adolescente que se veía hermosa-sexi mientras dormía, era algo que no tenía en mente.

- Me desperté en el mismo sitio pero en otro tiempo _ recibiendo el suave beso de un desconocido.

- No sabía si la ayudaría al besarla. Algunas veces uno simplemente tiene que besar a alguien. Sin saber lo que ocurrirá.

- Ahora estoy en un horrendo problema porque mi padre, el rey, dice que yo he arruinado nuestro país. ¡No me queda nada más que escaparme con este plebeyo!

- Ahora estoy ineludiblemente comprometido con una princesa adolescente y su cofre llena de sus joyas. . .esas eran buenas noticias: ¡Mis padres se volverán loc
os!

y AQUÍ el link para descargar.

En realidad tengo que deciros que me gustó, aún con la espera que tuvimos los lectores, porque la historia lo recompensó.
Espero que quede claro que lo HIPER R E C O M I E N D O porque está buenísimo, siendo el clásico de la bella durmiente pero moderna. Me encantó.


Si alguien lo leyó que se sienta con ánimo de comentar algo, o para quien no, si quiere saber algo.

Espero que quede claro que tanto la inagen como la información fue sacado del blog nombrado arriba, todos son sus méritos, no me quiero poner en problemas como en algunos blogs, NO COPIE NADA, todo es de ellas.

Jajaja, puede resultar algo..paranoico, pero se ha visto muchas cosas, y yo solo quiero dejar las cosas claras(:

1beso, y buenas noches para quienes (como yo) estan ya en pijama para dormir(:

27 de diciembre de 2009

Holaa!!!

Bueno queridos, queridas, esta entrada la he abierto para un aviso. Los proximos capitulos, en cuanto el viaje y Viena y tal... todo sera por informacion que YO obtenga, tanto de internet, como de libros, como de mis sabios padres.

Porque yo NO he tenido la suerte de visitar Viena (ni Italia, por desgracia) así que ya de antemano digo que algunas cosas me las inventaré, y otras variarán porque sólo soy una chica de casi quince años que no viaja mucho.
Así que si a alguien le ofende alguna cosa, le parece mal o algo así: LO SIENTO, pero Viena me han dicho que es majestuoso y me han re-co-men-da-do que lo ponga como "capital" para el reino, por así decirlo.

De todas maneras intentaré hacerlo lo máximo realista posible, ok? O lo que sea.

Entonces os preguntareis, ¿por qué no crea otro mundo nuevo? Porque me parece ya muy repetitivo, y algo que no cuadraría en la historia.
Entonces preguntareis, ¿por qué no en un sitio que sí conozcas? Porque Viena, según me han dicho, es perfecto. Y espero no equivocarme porque sino la he cagado xD Y además, por donde yo voy... al ir yo, ya es repetitivo, no? jaja

Buenoo, era solo eso. Asi que no me odieis ni nada por el estilo, no me dejéis de visitar porque me echaría a llorar (enserio) ni me dejéis malos comentarios, pero sí dejadme buenos (: jiji O bueno, vaaaaaaaaaaale, no tan buenos si queréis jajaja


Si alguien que conozca Viena (o no) quiere comentar algo, ya sabe, que pulse a comentar que allí tiene un espacio para opinar (; Porque si me hablas, mejoro (;

Un graaaaaaaaaaaaaaaaan besoo MUAK
nati(:

26 de diciembre de 2009

CAPITULO 29

MIS AMORES (LL)
Perdonadme opor la tardanza, pero entre navidad y estrés y mierdas... no pude escribir por falta de tiempo, y cuando me disponía a escribir ¡BAM! se iba iba la inspiración TSSS jaja, bueno, espero que os guste este ccapitulo y que me perdonen.
De veerdad, espero poder poner el 30 antes (:

D I S F R U T A D (:


ABRÍ mucho los ojos ante la noticia. No esperé a nada y me fui, gritando hacia atrás:

-¡Amelia, dile al profesor que tuve que ir a la enfermería!

El camino que me llevaría caminando unos veinte minutos me llevó cinco. Jadeando por la carrera llegué a la habitación y entré.

-¿Leo? -pregunté bajito- ¿Qué pasa?

Él alzó la vista y clavó la mirada en mí.

-No saben, está empeorando mucho. Hace unas horas abrió los ojos y los tenía azules, ya, pero... hace una hora más o menos empezó la fiebre. Puede que tan solo sea una gripe, una infección o algo por el estilo pero no quieren arriesgarse, así que la trasladan a Viena con la reina y el rey.

Suspiré. Cogí una butaca y la arrastré hacia su lado. Acaricié la espalda de Leo, calmándolo. Él apoyó su cabeza sobre mi hombro mirando ahora a su pequeña hermana.

-Se pondrá bien, Leo, es una niña muy fuerte.

-Lo sé, es solo que... no sé qué le pasa. -Pasamos unos momentos en silencio antes de que Leo se levantase.

-Tengo que salir un momento, vuelvo dentro de una media hora, ¿vale?

Yo asentí, y tras el golpe de la puerta a la marcha de Leo, me quedé sola junto a Yakira.

Su cabello negro hasta los hombros caía lacio por la almohada, sus pestañas rizadas tintineaban ligeramente por el movimiento por debajo de los párpados. Las aletas de su pequeña nariz se inflaban y se desinflaban también muy suavemente.

Sus manos estaban a los lados de su pequeño cuerpo. Su mano izquierda tenía una dos vías y la derecha estaba colocada con la palma hacia arriba después de estar agarrada a la de Leo.

La puerta se abrió y entró una enfermera que dio un respingo cuando me vio.

-Vaya -dijo- no la esperaba aquí Srta. Severino, más bien esperaba al hermano de la Srta. Royal.

Enarqué una ceja. ¿Cómo es que sabe mi nombre? Juraría que nunca me han atendido en la enfermería.

-Me alegro de saber que ya está bien. ¿Sabe? Nunca antes vi vomitar a alguien con tanta efusividad -dijo con una media sonrisa provocando que un rubor subiese por mis mejillas.

Así que esta señora debió de ser la voz desconocida que me dio de comer una sopa tremendamente asquerosa.

La enfermera se acercó a Yakira, y renovó una de las bolsas de suero que estaban a la izquierda de la cama.

-Que no te dé el frío -me dijo, y cerró la puerta tras de sí.

Yakira se removió ligeramente y sin pensarlo me moví a la silla de Leo y le di la mano. Ella me la apretó un poco antes de quedarse nuevamente dormida en paz.

Pasaban los minutos y Leo no volvía, pero yo me sentía cada vez más pesada y más cansada, así que apoyé mi cabeza en la cama y cerré los ojos.

El olor a comida fue lo que me despertó.

-Tisiana -dijo Iara.

-¿Qué? -me desperecé. ¿Cuándo había llegado ella... con Andrew, Amelia e Insua?

-Ojalá yo tuviese una cuñada así, que me cuidase todo el tiempo -dijo Insua- y mejor si está tan buena -sonrió.

-Ya, bueno, no todos tienen esa suerte -le sonreí de vuelta y le guiñé un ojo.

-En fin -dijo Iara- que te trajimos un poco de comida, niña, que no fuiste a comer.

-Y te perdiste las dos clases siguientes -dijo Andrew.

-Eso es lo de menos, en realidad –dijo Iara. Volvió a abrir la boca para decir algo, pero yo la interrumpí.

-Para nada, tiene mucha importancia –me incorporé un poco pero sin soltar la mano de Yakira- Dices que dos clases, ¿no? Así que Leo se fue hace casi dos horas… -me quedé pensando. Había dicho que volvía enseguida, ¿le habrá pasado algo? Zafé mi mano de la de Yakira, y la miré: la pobre estaba entumecida. Cuando ya me levantaba, Leo entró.

-¡Ah! –Salté- Qué susto me diste –sonreí y me puse de puntillas para darle un beso per él se apartó. Se fue directo a la cama de Yakira y no pude evitar tener una punzada de celos, pero meneé la cabeza, sonreí y me dirigí a su lado.

-Yo la veo con mejor cara –le dije, él solo movió su hombro para deshacer nuestro contacto. Insua tosió y se fue llevándose a Iara y a Andrew.

-¿Estás bien, Leo? –le dije. Me agaché colocándome a su altura- ¿Por qué tardaste tanto?

-Me lié –contestó si variar su posición.

-¿Con qué? –comenzaba a ponerme nerviosa. Algo iba mal.

-Con mis cosas –susurró.

Asentí y le iba a contestar cuando él habló primero.

-Todo lo que haga o deje de hacer no es asunto tuyo, Tisiana –me quedé con la palabra en la boca.

-Vale, como quieras, pero la próxima vez que me dejes a cargo de tu hermana enferma y desaparezcas dos horas me puedes por lo menos –iba poco a poco alzando más y más la voz- decir alguna escusa por tu ausencia, al fin y al cabo soy tu novia, ¿no?

Leo se levantó y me encaró.

-Está bien –me miró a los ojos como queriendo penetrarlos pero para que me hiciese atrás pero yo me estiré cuan larga era –no mucho- y le devolví la mirada, y cansada del silencio le pregunté:

-¿Estás bien, Leo? –Ahora que le miraba con más atención veía unas pequeñas ojeras por debajo de los ojos. Levanté mi mano y le acaricié la mejilla. Él correspondió a mi caricia cerrando los ojos y dejando que yo le besase.

-Arg, iros a un hotel –se escuchó. Nos separamos de golpe con un ¡plop! Y miramos sorprendidos a Yakira, que sonreía frotándose un ojo.- ¿Qué tanto miráis?

Leo me soltó y se agachó a agarrar la mano de su hermana.

-¿Yakira? Yakira, ¿cómo te sientes? –preguntó, yo me arrimé a su lado.

-¿Qué cómo me siento? –Dijo Yakira, sus ojos brillaban- Me siento… ¡espléndida! Aunque algo cansada –remató y se dejó caer contra la almohada cerrando los ojos.

Les dije que iba a avisar a la enfermera y salí de la habitación. Cuando iba llegando a la recepción de la enfermería, tres chicos venían arrastrando una camilla. Cuando pasaron por mi lado pude apreciar la figura de una chica de mi curso. Diablos, pensé. De la camilla tiraban tres chicos de último curso. Me aparté para dejarles paso y me acerqué a una chica que se tapaba la cara con un pañuelo.

-¿Pamela? –dije anonada- Pamela, ¿qué pasó?

Pamela apartó el pañuelo de la cara para dejarme ver sus mejillas bañadas en rímel corrido, ojos llorosos y nariz roja.

-No lo sé, estaba caminando cuando…cuando –sollozó.

-Tranquila –le dije tocando su brazo para darle apoyo. Desde el principio he odiado a Pamela, pero no soy capaz de dejarla allí tal y como estaba: descompuesta.- ¿Cuándo qué, Pamela?

-Frente a la puerta del baño de chicas estaba el cuerpo de Lizzie, en el suelo convulsionándose. Me acerqué –abría los ojos y miraba a la nada, perdida en sus recuerdos tan horribles- y la llamé, cuando le moví la cabeza… sus ojos estaban en blanco. Estaba inconsciente, pero aun así tenía espasmos. ¡Dios! –dijo y se echó a mi hombro a llorar.

La enfermera que buscaba pasó por mi lado, y la llamé.

-Dime preciosa –dijo, pero se le notaba que tenía prisa.

-Yakira se despertó –le dije.

La enfermera abrió mucho los ojos y asintió.

-Ya mando a alguien para allá –miró a la llorosa de Pamela y rodando los ojos dijo- Si me puede hacer el favor de cuidar de ella mientras.

Luego de asentir con la cabeza, se marchó.

Pasaron los minutos y Pamela paró de llorar, pasaron aún más y ya había parado de moquear, pero seguía pálida y encogida en sí misma. A lo poco, salió una enfermera que se dirigió a nosotras.

-¿Pamela?

La nombrada se levantó y yo fui tras ella.

-¿Cómo está Elisabeth? –preguntó Pamela con la voz cansada.

-Tuvo un ataque epiléptico. –Pamela jadeó y yo le agarré por el codo porque juro que casi se cae al suelo- Para ser más exactos –siguió la enfermera algo más insegura- tuvo una crisis tónico-clónica, también llamada… -vaciló- de gran mal.

Las piernas de Pamela cedieron y entre la enfermera (que estaba gritando por ayuda) la sentamos. Otra enfermera se acercó y le dio un vaso de agua.

-Descansa, que su amiga se pondrá bien, no se preocupe –le dijo la enfermera, luego alzó la vista hacia mí- debería acompañarla a su habitación de todas maneras. Lo más seguro es que por el susto tenga una crisis nerviosa. El ser la testigo le afectó, pero aún más el la víctima sea su amiga.

Asentí y comencé a levantarme cuando Pamela habló. Su voz ya sonaba algo normal, aunque seguía apoyándose en mí en su mayor parte.

-¿Y por qué tuvo… -tragó saliva- …la crisis?

La enfermera volvió a dudar en decirle o no la respuesta.

-Todavía no es seguro, pero sí puedo adelantarle que las crisis epilépticas pueden aparecer por múltiples causas, pero según la edad es más frecuente que sea por unas que por otras –contestó la chica.

-Ya –asintió Pamela- pero no me ha contestado la pregunta.

La enfermera suspiró, rendida.

-Ya le dije que puede ser por muchas cosas, pero en los adolescentes, en su mayoría se suele dar el caso de consumos tóxicos como el alcohol, infecciones, traumatismos aunque también están en la lista los tumores, las enfermedades degenerativas y de idiopáticas.

Ante nuestra cara de interrogación la enfermera se explicó.

-Alguna enfermedad de origen desconocida.

Pamela se puso a temblar ligeramente y tras despedirnos de la enfermera salimos al pasillo, entonces la volví a sentar en una silla, y calmadamente le pedí que me esperase allí.

Salí corriendo hacia la habitación de Yakira, tropezando por el camino con la enfermera jefa, la que me había atendido.

-Se encuentra mucho mejor que ayer, pero aún no puede caminar –me informó- Se nota que todavía no la ha atendido la realeza que le corresponde –dijo, y se marchó.

Con cuidado de no hacer ruido, abrí la puerta de la habitación, pero antes de entrar, me sacaron.

-¿Qué? –dije, perdida.

-Yakira está mejor, sí –dijo Leo. Se movía de un lado al otro, nervioso- No sé qué pasó allí dentro, Tisiana, pero –se detuvo y me miró a los ojos- gracias. De verdad.

Vino a mí y me besó. Apasionadamente. Ardientemente. Con urgencia.

Cuando nos despegamos me abrazó. Aún mareada por el beso espontáneo dejé que mi cabeza reposase sobre su hombro. Me estremecí cuando sentí como su mano acariciaba la parte baja de mi espalda.

-Pero tu ayuda no fue suficiente –dijo.

-¿Cómo? –pregunté mientras me separaba de él. Negué con la cabeza- No, no entiendo.

-La enfermera me comunicó que la reina le dijo que se iba a llevar a mi hermana a Viena, para la Semana Real, aunque sólo sea una, aunque sólo queden cuatro días, que Yakira –dijo señalando su habitación- es un caso especial.

-¿Y qué tiene que ver todo esto conmigo? Yo no hice nada, solamente me quedé allí, a su lado, como tú mismo hiciste.

-Bueno –dijo Leo- tiene que ver contigo en una cosa, que te vas a quedar sin novio hasta que se cure, porque yo la acompaño.

-¿Qué? ¿Por qué? –dije, le agarré los brazos, quizá porque pensaba que así se quedaría.

Leo se encogió de hombros.

-Es mi hermana, no la voy a dejar sola.

Miré el suelo, derrotada.

-¿Cuándo os vais?

-Yakira y yo mañana por la mañana, la reina se fue hace una media hora, si no me equivoco.

Le abracé e inspiré su aroma.

-Aún tenemos una noche por delante –dije, cuando fui consciente de mis palabras, me separé y le miré- Vamos, ya me entiendes, para que estemos juntos… no para… bueno –me empecé a reír algo histérica moviendo la mano en un movimiento nervioso poniéndome roja hasta la raíz del cabello hasta que Leo colocó un dedo sobre mis labios.

-Tranquila –rió entre dientes Leo- Lo sé.

Antes de entrar a la habitación-vale, entré, me acordé y salí en busca de Pamela.

La pobre seguía paliducha y encogida, y en silencio nos dirigimos a su habitación, cerca de la mía. Tras verificar que otra amiga suya se quedaba con ella, volví con Leo. Él me recibió con los brazos abiertos.

Así que entramos a la habitación de Yakira en silencio. Leo se acomodó en el sofá del fondo, y yo en sus piernas, y así tras hablar durante horas, me quedé dormida.

Leo se levantó antes que yo, y hasta que Yakira ya estaba lista para el traslado, y se iban de la habitación, no me despertó.

-Tis –me movió- Despierta.

En silencio me levanté e intenté peinarme algo, tarea imposible y con el cuerpo entumecido y dolorido por dormir en un sillón salí de la enfermería de la mano de Leo.

Todo fue rápido, y antes de darme cuenta, se estaban transportando fuera del internado, donde les esperaba un coche que les llevaría al aeropuerto para ir a Viena.

Puse mis manos sobre mi espalda dolorida y me fui en dirección a mi habitación. Aún eran las nueve de la mañana, podía dormir hasta las diez y pedir permiso a la enfermería por faltar a clase, pero cuando llegué a mi habitación me encontré con Iara que tenía dos mochilas sobre su cama.

Se levantó cuando llegué y se lanzó a mis brazos.

-¿Dónde has estado? –me dijo.

-Con Leo, en la enfermería, ¿por qué?

-Te estuve esperando, pero me dormí… entonces recibí la llamada.

-¿La llamada? –pregunté. Notaba a Iara nerviosa y la senté en la cama- ¿De quién? ¿Qué quería?

-Era de Viena, al principio no entendía hasta que me pasaron con uno que hablaba español.

-¿Con un quién, Iara?

-Con un guardia, Tisiana. Atacaron al avión real en pleno vuelo.

-¿Qué? –mi mano salió disparada hacia mi boca.

-A la reina la salvaron, pero varios guardias resultaron heridos. Cayeron en el mar, pero un guardia con poder de agua les pudo mover hacia la costa más cercana, donde les estaban esperando.

-¿Quién?

Iara ignoró mi pregunta.

-¿Quieres saber quién fue el héroe que salvó a la reina de morir tragada por la tierra?

A Iara le caían lágrimas por la cara, y entonces deduje la respuesta y a pesar de negar la respuesta, Iara contestó.

-Sí, Roy Green, mi hermano.

-Oh, Iara –la abracé.

-Está herido gravemente y me comunicaron que harían todo lo que pudiesen. Ah –rió- también me dijeron que contactarían con mi madre, pero a mí me da igual, yo quiero saber cómo está mi hermano, y lo sabré, que no te quede duda.

-Bueno, ya te llamará tu madre –le dije acariciándole el pelo, pero ella se apartó.

-No creo que le interese lo que le pasa a su hijo, y Yago no se atreve a irse a Viena por mucho que lo desee.

Una idea loca sobre lo que a Iara se refería comenzaba a florarse en mi cabeza.

-¿Qué quieres decir? –dije miedosa.

-Pues que vamos a ir por nuestra cuenta, amiga.

Mi boca se abrió en forma de o.

-Sí –siguió Iara- Nos vamos a Viena.



Bueno, espero que me sigáis, y... qué mejor regalo que vuestros comeentarios (:

Os quiere MUCHO MUCHO

naati(:

20 de diciembre de 2009

CAPITULO 28

HOLAAAA AMOREESS jajaja, pues si que puedo subir los caaaaps :D jajaja en fiim mejor :D Llegue sana y salva... aunqe cn algo de dolor en el estomago :S jajaja y las turbulencias..pffff en fiiin, aqui os dejo el cpai 28 (: UN BESOOOOTE:D




NO quería abrir los ojos. Si ya antes de abrirlos sentía un increible dolor de cabeza, no quería imaginarme al tenerlos abiertos. A mi lado, Leo se removió y me dio la espalda, ocasión que aproveché para abrir los ojos.

Con una minúscula rendija abierta, la luz me impactó de lleno. Ni madres, los volví a cerrar pero pronto sentí unas increíbles ganas de ir al baño. Cruzé las piernas pero sentía que si no iba al baño enseguida me lo haría allí.

Me senté y me levanté. Un mareo inmenso hizo que mis piernas fallasen y me dejé caer en el marco de la puerta a esperar que pasase. Cuando amainó un poquito, me encerré en el baño.

Era, al igual que el mío, otro mundo diferente. Sus azulejos eran azul oscuro. A la izquierda la ducha y a la derecha la tina. Sin tocar nada, hice del baño y después salí. Leo estaba sentado reposando sobre la cabecera. La manta le cubría hasta poco más de ombligo. Tenía un pie por fuera.

Me mordí el labio. Estaba tan guapo así.

-Buenos días, princesa –me dijo regaládome una sonrisa. Me hacia su lado, y posó mi cabeza en su pecho. Leo acarició mis cabellos.

-¿Qué hora es? –pregunté.

-Van a ser casi las tres y media.

-¿Qué?

-Sí, creo que ya son horas de levantarse –Leo se incorporó y delante de mí –sigo flipando- se puso una camiseta, se quitó los pantalones quedando solo en boxers y se puso unos vaqueros.

-Bueno, ponte esto –dijo lanzándome una sudadera enorme- Así te cubres algo.

-¿Cuánto tiempo dormimos? ¿A qué hora llegamos? –puse una mano en mi cabeza, confundida.

Leo se rió y se acercó a mí para darme un beso en el pelo y luego ayudarme a ponerme en pie.

-Llegamos aquí sobre las tres menos algo… así que unas docehoras llevas durmiendo –sonrió- Quizá más, quizá menos.

Me iba a dar un beso en la boca pero me separé. Tenía la impresión de que me apestaba el aliento, igual que el resto de mi cuerpo.

De la mano fuimos a mi habitación, y con alivio vimos que no éramos los únicos en levantarse a esta hora.

Llegados a la habitación 364 del edificio de las chicas, puse mi mano en el pomo, que ¡por fin! Se abrió.

-Hola parejita –dijo Leo. Fue hasta la ventana y levantó la persiana cruelmente. La luz dejó ver a Iara en pijama enredada sobre Andrew. Se movieron un poco, y cuando abrieron los ojos –como platos- se cubrieron.

-¿Qué hacéis? –dijo Iara.

-Pues yo vengo a cambiarme –dije.

-Y yo en busca de mi compañero perdido –rió Leo quien tiró de un pie a Andrew que cayó de la cama… solo estaba en boxers.

Sin un mínimo de vergüenza Iara se levantó de la cama. Llevaba puesto una camiseta y las bragas. Se frotó un ojo y se fue hacia el baño saludando con la cabeza. Leo me miró y ambos reímos.

-Bueno, nosotros nos vamos –cogió la ropa de Andrew y se la aventó. Mientras éste se la ponía, me vino a besar. Me acaricio la cara diciéndome:

-Nos vemos luego –dijo. No esperó a Andrew y éste apurado salió tras él. Me dejé caer sobre la cama y cerré los ojos. Respiré hondo.

-Y bueno, ¿cómo ha sido vuestra nochecita? –dijo Iara saliendo del baño con una toalla en el pelo y otro sobre el cuerpo.

-Menos salvaje que la vuestra seguro –dije señalando las almohadas por el suelo.

-Ya, bueno –dijo ella con una voz empalagosa pero sonriendo- ¿Vosotros no lo hicisteis? –preguntó sentándose en su cama y mirándome de frente.

-No, nos limitamos a dormir. Estaba demasiado borracha –dije.

-Pero –miró al suelo, y se puso algo roja al preguntarme- Lo has hecho alguna vez… ¿no?

Mis mejillas ardieron y bajé la vista a mis manos. Negué con la cabeza.

-Oh –dijo Iara- Ya decía yo que olías a inocente.

Levanté la vista y vi que estaba sonriendo.

-Que va, es broma. Pero sí que te deberías duchar.

Cogí algo de ropa y me metí al baño. Mi cuerpo mullido me pidió a gritos un buen baño con agua caliente, así que llené la tina y esperé a que echase vapor.

Metí un pie después del otro. Poco a poco me sumergí bajo el agua. Seguía pensando en la charla de Iara y mía con cierta timidez. La verdad es que nunca había… bueno, siempre esperé a que viniese el chico ideal. No me quería precipitar con eso, y aunque no me arrepentía, si sabía que en el orfanato –y estoy completamente segura que aquí también- era la única virgen de mi edad.

Con la cabeza debajo del agua suspiré, causando burbujas y ¡tilín! Se me ocurrió una idea. Abrí las palmas de las manos y pedí al aire que viniese. Sentí como el agua comenzaba a burbujear, sonreí satisfecha.

Cuando mis dedos estaban suficientemente arrugados, salí del baño y sin prisa me vestí.

Iara no estaba en la habitación. Me peiné un poco y salí en su búsqueda. Más y más chicas iban saliendo de sus respectivas habitaciones.

-¿Tisiana? –dijo una voz. Me di la vuelta para ver a Amelia, mi compañera en clase en Clases Prácticas- ¡Hola! –me saludó y se pegó a mi lado.

-Hola –dije- ¿Qué tal?

-Bien, ¿a dónde vamos? – La miré ¿vamos?

-Yo pensaba ir a buscar a Iara, la perdí –confesé.

-Bueno, esa solo puede estar donde los chicos. Vamos allá aunque luego a comer. Me muero de hambre.

Y cogidas del brazo fuimos al edificio de los chicos. Amelia era como Melisa en un aspecto: le encantaba hablar. Me dijo que tenía dieciocho y que había repetido curso, causando ser la oveja negra de la familia pero a ella –palabras textuales- se la soplaba.

-Ya sabes, soy algo gotiquilla y eso ya no les gustaba… cuando repetí fue demasiado para ellos. Ya ni me hablan, solo hablan con Pamela.

-¿Pamela? –dije. ¿Qué tenía que ver Pamela con ella?

-Por muy raro que pueda parecer, Pamela es mi hermana pequeña, pero te ruego que lo calles, no sé, a mi me da vergüenza que me comparen con una pijilla rubia sin cerebro… supongo que es lo mismo que le pasa a ella conmigo, pero no me importa.

-Si te sirve de consuelo, no os parecéis en nada.

Miré su pelo negro azabache liso totalmente, su bronceado. Pamela, en cambio era rubia súper blanca, más flaca y con mucha más pechonalidad. Lo único en común eran sus ojos verdes.

-Ya, bueno, yo también soy rubia, ¿Sabes? –Se tocó el pelo- Pero me lo tiño. No me gusta aparentar ser una rubia millonaria idiota sin cerebro pero con las piernas bien largas… como Pamie. –Dijo un diminutivo del nombre de su hermana con burla.

Cuando llegamos a la habitación de Leo, sentada en un banco estaba Iara.

-¡Iara! –le llamé. Alzó su melena pelirroja atada en dos coletas y sonrió al verme, aunque se convirtió en una sonrisa forzada al ver a Amelia.

-Tis, ¿qué tal? –se acercó a nosotras. Cabeceó hacia mi acompañante- Amelia –la saludó.

La escena era algo rara, con tanto movimiento seco, pero al parecer a Amelia eso se la resbalaba porque abrazó a Iara que entrecerró en mí dirección.

Cuando ya tenía la urgencia de huir de allí, se nos acercaron Insua y Derek.

-¡Hey! –les saludé.

-¡Hey! –me dijeron de vuelta.

-No sé como te puedes sostener en pie –me dijo Insua- Mi dolor de cabeza es tan grande que Derek me amenazó para sacarme de la cama.

-Yo no tuve tanta juerga como tú –reí- Cuántas fueron al final ¿seis? ¿Siete?

-Seis, que una se rajó. La de la falda hortera –me dijo sonriendo.

-Te dije que huiría –sonreí de vuelta.

Como Andrew y Leo tardaban mucho fuimos al comedor sin ellos. Estaba lleno, pues todos se estaban levantando a penas. Otro día hubiese mirado la comida mal, pero con el dolor de cabeza, solo le pude sonreír al caldo que nos pusieron. Sólo había cogido eso, mi estómago me odiaba después de tanto vomitar el día anterior.

Después de comer el mareo no solo aumentó: sino que estuvo acompañado con un insoportable dolor estomacal. Me fui a mi habitación, me puse el pijama, cogí un cubo de basura que coloqué al lado de mi cama y allí me acosté.

Dormí, pero dormí mal. Tenía frío y me puse una sudadera, entonces comenzaba a sudar, pero después de quitármela tenía más frío así que me tapaba más. La almohada estaba mojada de mi sudor, sentí varias manos sobre mi frente pero yo no quería abrir los ojos.

-Tiene mucha fiebre –dijo una voz femenina- pero mañana ya se le bajará. Tan solo es una pequeña gripe estomacal.

-Gracias enfermera –dijo otra más joven.

Me dieron de comer sopa aunque sólo pude tomar unos sorbitos antes de vomitarla. Tomé unas seis pastillas antes de caer en un sueño agitado.

A media noche (o eso creía) me desperté, me tapé la boca con una mano y sólo cuando mis rodillas tocaron suelo frente al lavabo, vomité. Puse mi cabeza sobre la tapa y cerré un momento los ojos.

-¿Tis? –Decía una voz- ¿Tisiana? –Una mano me revolvía- Despierta.

Abrí un poco los ojos.

-¿Qué? –Tenía la mirada desenfocada.

-Tis, cariño, te dormiste sobre el lavabo, vente a la cama, tienes que descansar.

Así que el momento quizá se convirtió en horas. Me dejé incorporar y me metí en la cama.

-¿Qué día es hoy? –dije.

-Domingo –contestó Iara. Ya la podía ver mejor.

-¿Qué me pasa?

-La enfermera dijo que nada grave, es más una pequeña gripe estomacal, se te pasará enseguida.- Silencio- Yo… esto –se tocó una coleta- quedé con Andrew ahora, espero que no te importe.

-No… -bostecé- vete.

Cerré los ojos y me quedé dormida.

Cuando los abrí supe que estaba curada. Me levanté y fui al espejo. Mi cara estaba algo pálida y unas ojeras del color de mis ojos estaban debajo de ellos. Mi pelo sucio y despeinado complementaba mi imagen y podía compararla fácilmente con un zombie. Tomé otro baño aún más largo que el anterior y para cuando salí, Iara ya estaba allí.

-¿Cómo te sientes? –me preguntó.

-Muchísimo mejor –dije estirándome- ¿Qué hicisteis en mi ausencia?

Iara se encogió de hombros.

-No mucho, en realidad cada uno por nuestro lado.

-Pero tú con Andrew, ¿no es cierto?

Iara se puso colorada pero sonrió.

-Muy cierto –bostezó.

-¿Qué hora es? –pregunté.

-Van a ser las once. Llevas casi cuarenta y ocho horas durmiendo sin parar, sería un milagro que durmieses ahora. Pero yo me muero de sueño –se levantó y se puso el pijama antes de irse a dormir.

-Hasta mañana, Tis.

Apagué la luz y me acosté a regañadientes. No había hecho nada en mi primer fin de semana.

-Hasta mañana, Iara.

Y a pesar de lo que Iara dijo, dormí hasta que el despertador me sonó.

Obviamente fui yo la que me levanté primero y me vestí. Esperé a que Iara saliese y juntas fuimos al edificio de Hechicería y Magia.

-¿Qué te toca? –me preguntó.

-Clases Prácticas –dije. Había visto y releído mi horario en mi habitación- ¿Y a ti?

-M.M. qué coñazo.

Nos separamos con un adiós y fui hacia mi clase. Amelia me estaba esperando sentada en la mesa de su pupitre.

-¡Dichosos los ojos! –Dijo animadamente- Pensé que no sobrevivirías. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?

-Mejor –sonreí.

Tocó el timbre y nos sentamos. El profesor Bernie entró y tras dejar su bolso en la mesa, aplaudió una vez y ya no pudimos hablar. Enserio, por mucho que abriese la boca ningún sonido salía de ella.

-Buenos días –dijo sonriendo- espero que todos hayan pasado un gran fin de semana, -resoplé- pero ya es lunes así que atiendan.

Fue hacia el encerado y una pluma se movió y en el encerado escribió:

“El estudio de la Magia”

-Bien alumnos, hoy empezaremos con algo básico. Algo que todos debemos saber. La magia ¿qué es la magia? ¿Cómo se estudia?

>> Veamos, la magia no es una ciencia ni un arte que se pueda obtener así de repente –sentí más de una mirada en mi dirección, pero la mía estaba fija en el profesor- Cuando hacemos magia no expresamos un deseo y a veces ni lo pensamos. Los hechizos no los rezamos. Nos basamos en nuestra voluntad para provocar lo llamado magia.

>>Esto no significa que comprendamos la magia del mismo modo que comprendemos un problema de matemáticas. Ni comprendemos ni podernos comprender qué es la magia o de dónde procede, igual que un carpintero no comprende cómo crecen los árboles. No tiene por qué comprenderlo, sencillamente trabaja con lo que tiene entre manos.

>>Pero os advierto que ser mago es mucho más difícil, mucho más peligroso y mucho más interesante que ser carpintero. Y si ser mago es difícil, controlar la magia que posees mucho más –su voz se había vuelto más grave, al igual que su expresión que cambió y sonrió.*

-Por eso estamos aquí –abrió las manos en ambos lados del cuerpo estirando mucho los dedos- en Clases Prácticas, para dominar la magia tanto como el cerebro domina el cuerpo.

Fue entonces cuando pudimos hablar, pero estábamos tan… aterrados quizá, que nos mantuvimos callados.

Bernie nos puso de parejas, Amelia vino conmigo. Teníamos que crear algo con nuestra afinidad que ambas compartíamos: la Tierra.

-Manos a la obra –dijo Amelia tronándose los dedos dramáticamente.

Nos pusimos frente a frente y tras vernos mutuamente, evaluándonos, las chispas comenzaron.

De mi mano salían fogonazos de todas las tonalidades verdes posibles al igual que Amelia. Tras unos veinte minutos de pelea, Amelia me iba ganando. Sentía que con cada uno de nuestros choques, iba perdiendo espacio. Su verde oscuro, contra mi verde clarito estaban muy cerca de mi palma abierta. Comencé a sentir algo de calor en las palmas y luego en el resto del cuerpo. Mis manos temblaban cada vez más y veía como su fogonazo estaba ya…

-¡Ah! –grité mientras volaba por los aires. Me levanté sobándome la mano adolorida. Amelia me estaba mirando sonriendo triunfalmente. Bufé y de mi mano salió otra luz verde.

Amelia, tras unos diez minutos me volvió vencer, y no fue hasta otros quince minutos cuando me iba a tirar para atrás, cuando utilicé la magia sin pensar pero dominándola.

Su chorro de luz volvía a estar demasiado cerca de mi mano, quemándola y mi cuerpo estaba cansado de los golpes que había recibido y me estaba pidiendo que le dejase descansar.

Entonces, cuando sentí que mi luz cedía me tiré al suelo, rodé y esquivé el poder de Amelia, luego de ver que el campo hacia Amelia estaba libre, me puse en pie de un salto abriendo las palmas y dejando que la magia fluyese a través de mí. Mi contrincante se tiró al suelo, y rió al ver que mi chorro la pasó de largo, entonces cuando se levantó, mi luz le impactó completamente por detrás, por la nuca.

Amelia gritó y calló, pero no se levantó. En cambio, salió una banderita blanca de la nada sobre ella, que se movía como si viento hubiese.

-Tu ganas, Tis –dijo Amelia cuando me acerqué a ayudarla a levantar- No sé qué hiciste y cómo, pero desde luego seguro que conseguiste el objetivo.

-En efecto –dijo una voz asustándonos, haciendo que diésemos un pequeño bote- La Srta. Severino ha podido hacer nuestro de objetivo de hoy (el aprender a dominar la magia) en un tiempo récord. Una hora y media –dijo mirando el reloj.

-¿Una hora y media? –dije.

-Sí, bueno, la media está en dos horas y cuarto, dos horas y media –contestó el profesor.

Viré mi cabeza hacia Amelia- ¿La clase no es de cincuenta minutos?

-Sí, pero os he hecho notas a los profesores en las cuales se escribirá la hora justa en que vuestros dos pies salgan de esta clase. Y –miró su reloj otra vez, pero cuando habló, se lo quedó mirando- tenéis treinta segundos para recoger vuestras cosas y otros diez para salir de aquí. Empezando ya.

Amelia y yo nos movimos rápidas hasta nuestros respectivos pupitres, recogimos nuestras cosas y salimos de clase pitando, mientras el profesor decía:

-¡Venga! ¡Vamos, que no tenemos todo el día!

Amelia y yo corrimos hacia el exterior para cruzar la pequeña placita e ir a la clase de M.M. (la extraña clase con el extraño nombre de Mundo de los Mundanos) pero para cuando iba a entrar, Andrew se me interceptó.

-¡Tisiana! –dijo respirando entrecortadamente.

-¡Andrew! ¿Qué pasa? –dije cogiéndole por los codos. El tío estaba que ni respiraba.

-Me manda Leo –dijo entre jadeos.

-¿Por qué? –preguntó Amelia.

-Quiere… que… vayas a la enfermería –respiró a medias, más tranquilizado.

-¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué le pasó? –dije asustada.

Andrew cuadró los hombros y respiró hondo.

-Es Yakira. Ha empeorado y se la llevan a Viena.



Buaaaa!!!! la pobre yakira... qe le pasará? que harán? Todas las respuestas en el proximo capitulo :D Un besoo mis amores (:

El cambio de horario me mata....xd

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